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ROCK AL PARQUE 2017 – PRIMER DÍA

Por John Gómez.

Fotografías por Andrés Umaña.

Las camisetas negras se levantan al viento bajo un sol que no da tregua. En ellas, el mismo estampado (en tamaños distintos) señala que nuevamente estamos en esa época del año. Las calles se llenan de gente de todas las edades. Algunos, asisten por vez primera a los escenarios que otros también habrán de llenar, pero con la nostalgia del hábito: recordando cada una de las versiones del festival, vistiendo las mismas camisetas negras con imágenes de bandas populares, llevando el cabello tinturado, largo, despeinado, o peinado en cien estilos diferentes. Los vampiros tropicales salen de sus criptas, y se encuentran con los góticos de tienda, con el metalero barrigón y entrado en años -que resuella bajo el sol-, con las parejitas que buscarán más tarde algún punto ciego, algún lugar oscuro, para entregarse mutuamente. Las pintas, la emoción, las palabras, el vino y las cervezas que fluyen de una mano a otra, así como los cigarrillos y colillas apilándose junto a las aceras, todo esto, hace parte del mismo rito: un rito con una vigencia de más de dos décadas, que se repite año tras año de manera ininterrumpida. Esto es Rock Al Parque, el festival de rock más grande de Latinoamérica, que llega este año a su vigésima tercera edición.

“Las primeras agrupaciones son Cobra y Umzac, cuyas voces melódicas y gritos rasgados inundan la avenida.”

Llegar al Parque Simón Bolívar también hace parte del rito, pues desde la Avenida Cra. 68 hasta la entrada de prensa, en la Cra. 60, hay un trecho larguísimo, inundado, no solo por los asistentes al festival, sino por comercios informales que dependen de los mismos, y que disfrutan igualmente de la música; pues hasta allá llegan los ecos de las primeras bandas, montadas en tarima desde la 1:00 p.m., en los escenarios Plaza y Bio. Y en esta nueva versión del festival, las primeras agrupaciones son Cobra y Umzac, cuyas voces melódicas y gritos rasgados inundan la avenida.

Umzac, que significa “tinieblas” en lenguaje chibcha, es una banda que combina hábilmente los géneros Gótico y Metal Progresivo con el Folclor de los Andes; fusionando la música instrumental de las montañas de la región, con el sonido metálico del rock y las voces soprano de sus vocalistas femeninas; generando un sonido oscuro y melódico que contrasta con el inusual sol capitalino. En la rueda de prensa, sus integrantes afirman que entre los proyectos de la banda para el 2017 está el presentarse a distintas batallas musicales, señalando al tiempo la importancia de ser una banda fusión, pues rescatan para la audiencia más joven, los mitos y las narraciones orales de los indígenas muiscas, de nuestra raza ancestral, con el fin de reivindicarla.

“En el Escenario Bio la legendaria Ekhymosis se monta en tarima.”

Otra banda les sigue frente a los micrófonos, y es la reconocida Cobra, una de las bandas que acompañamos en las pruebas de sonido, encargados, al igual que Umzac, de abrir el festival. Cobra es una banda de Thrash/Speed Metal que, a la fecha, cuenta con quince años de carrera musical, y que ha participado en importantes festivales a nivel nacional, como el concierto “Titanes del Thrash Nacional”, o el “Iron Metal Fest”. Nos dicen que están próximos a firmar contrato con una reconocida disquera y que planean el relanzamiento de una de sus producciones, muy pronto.

Y mientras las bandas responden las preguntas de los periodistas, en el Escenario Bio la legendaria Ekhymosis se monta en tarima, de la mano de uno de sus fundadores, Andrés García; felices de estar por primera vez en Rock al Parque, retomando sus orígenes, más cercanos al metal que al rock en español, con la alegría de llegar al escenario y darla toda ante el público, como si no fueran parte de la historia del rock en Colombia.

“En Cartagena somos más que vallenato y reggaetón.”

En la sala de prensa, Headtambó hace su aparición, acompañados por Fénix, de Cartagena. Headtambó es una banda bogotana que también hace su apuesta por el Metal Folclore: una fusión de estilos con la que buscan alcanzar nuevos escenarios, superando las discusiones bizantinas de qué es y qué no es rock. Luego del percance sufrido en escena, la banda responde animada a las preguntas de los periodistas, expresando lo que es bien sabido por todos: que Rock al Parque es la gran tarima para que las bandas puedan proyectar su carrera musical a nivel nacional o hacia el exterior. Y es algo que les entusiasma.

Pasa lo mismo con Fénix, una banda cartagenera, influenciada por el metal de la vieja escuela, que llega por primera vez a Rock al Parque, a demostrar que en la costa suenan los cobres y las cuerdas del metal tanto como los tambores y las gaitas. “En Cartagena somos más que vallenato y reggaetón”, enfatiza uno de sus integrantes, y agrega: “nos encanta estar aquí, pues realmente llevamos poco tiempo en este proceso, y en el último año hemos vivido muchas cosas a un ritmo muy rápido. Ahora vamos por más”.

“Un lugar que no discrimina ni separa, sino que acoge cada año a más de 70 mil personas.”

Afuera, el sol ha bajado un poco para dar paso a un día nublado. En el cesped, por el camino que va de la carpa de prensa al Escenario Eco, los cuerpos se acomodan en un sinnúmero de posiciones distintas. Metaleros, punkeros, rockeros, vieja escuela, metal-fusión, rastas… Hay todo tipo de subculturas agrupadas en el mismo espacio, un lugar que no discrimina ni separa, sino que acoge cada año a más de 70 mil personas; un lugar en donde se respira paz, pues todos hacen parte de una misma lengua, una misma pasión y un mismo rito.

De vuelta al Escenario Bio, las chicas de Póker demuestran por qué su presencia en el festival no es, en absoluto, accidental. Son jóvenes aún, pero tienen en su haber una gira sudamericana, y su sonido ha ido evolucionando con el tiempo. Lina Bermúdez, bajista de la banda, señala que “estar en el festival es una experiencia re áspera. Hace poco estábamos en el camerino, preparándonos para salir a tocar, y sonó “Solo”, de Ekhymosis, y en ese momento supimos realmente en dónde estábamos”. Sin embargo, para Póker, Rock al Parque no es un “fin”, sino un medio para seguirse proyectando musicalmente.

“La masa de gente se mueve como una ola, como un solo cuerpo que convulsiona con la música.”

Al lado de las chicas, los integrantes de Organismos, de Medellín, expresaron que, si bien es la primera vez que llegan al festival, lo suyo ha sido siempre estar en la escena underground. “Salir a tocar para mil personas es igual que tocar para diez. Uno sale y solo piensa en la música, en darla toda en el escenario, y eso es lo más gratificante”, señala uno de sus miembros. Expresan también que, con la aparición de los medios digitales, las bandas han podido desligarse de las mafias de las disqueras y empezar a trabajar en lo suyo más libremente. “Y la edad”, concluye, ante la pregunta de uno de los periodistas, “es lo que menos importa. Lo que importa es seguir haciendo música”.

Al otro lado de los camerinos, Marcus Bischoff, de Heaven Shall Burn, acompaña el rasgueo de las guitarras con una voz grave, gutural y potente, que sobrepasa apenas los gritos del público. Frente al Escenario Plaza (el más grande de los tres), la masa de gente se mueve como una ola, levanta en alto los puños, canta, sonríe, salta, aplaude y se sacude, como un solo cuerpo que convulsiona con la música y asciende con fuerza para volver a caer bajo una llovizna leve, intermitente, que viaja con el viento.

“Mientras Darkness anunció que esta era su última presentación, Reencarnación está más vigente que nunca.”

En el Escenario Bio, los gritos acompasan la música de Nervosa, un trío brasileño de Trhash Metal integrado por las beldades Fernanda Lira, Prika Amaral y Luana Dametto. La voz de su vocalista, así como los gestos con los que acompaña cada una de las canciones, la potencia de los instrumentos y la complicidad latente en escena, hacen de Nervosa una banda que sobrepasa la etiqueta de “Girls Band”, al punto de que su música ha sido comparada con la de bandas como Kreator, Destruction o Exodus. En la sala de prensa, Fernanda y Prika acaparan los medios, mientras Luana, la nueva integrante de la banda, un poco tímida y exhausta, corre a refugiarse en los camerinos.

La noche llegó y con ella llegaron, el cierre de Reencarnación en el Escenario Eco, y la presentación de Darkness en el Escenario Bio, quienes anunciaron que esta era su última actuación, pues los integrantes de la banda quieren continuar con su trabajo en solitario, afirmando que se separan “sin rencores”, y agradeciendo al público que los ha acompañado a lo largo de toda su carrera. Por otra parte, en el Eco, Víctor Raúl Jaramillo dejó muy en claro por qué Reencarnación está más vigente que nunca, con un show que superó con creces su presentación en Bucaramanga el pasado mes de febrero.

Recuerda que puedes encontrar aquí la galería completa del primer día del festival. No olvides seguirnos en las redes sociales como @altervoxmedia Déjanos tu opinión sobre esta y otras notas en la sección de Comentarios, o en la sección de Contacto, y #PasaLaVoz

 

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