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ANTOLOGÍA: K”

K” (Diego Camilo Mendoza R.) nació en Bogotá el 31 de diciembre del 88. Estudió filosofía e hizo la maestría en escrituras creativas en la Universidad Nacional de Colombia. Es poeta, corrector de estilo, transeúnte dionisiaco y hace aretes de origami. Su libro, publicado por Cínico Editorial, se llama Soñar Tiene Sus Cosas.


Punto.

Ciego de los otros, te ves único en el tiempo
El presente es inextenso y te presta el oído
Pero el tiempo es un gigante de proporciones eternas;
Y tú, Punto.

Desarrollas reflexiones alargadas
Soliloquios sin causa
Gritas sin ruido
Punto. ¿Dónde está el silencio cuando pretendes tocarlo?
¿Cómo es su sonido cuando quieres expresarlo?
Otro día perdido, Punto.

Inmóvil
Te presentas estático
Indiferente a todo proceso
¡Terco, agrio!
Serás un silencio inadecuado.


Nota: este poema en particular es un experimento, muestra una devoción mía y como tal la exalta. Sugiero leerlo primero de la forma no convencional; el título está abajo.

Todo cabe entre tus cuatro esquinas.
Tierra de todos y de nadie
Llanura blanca, planicie impecable,
Lienzo, espacio, estructura,
Universo de letras, dobleces, pinturas.

¿Qué esconde tu blancura?
Los terrenos del ensueño
Las grandes obras
Las visiones del futuro
La música de los genios
Los cálculos del mundo
Los reflejos de lo visto

¿Qué eres que contienes en potencia todas las virtudes?
Un espejo de la mente.

En blanco


Transeúnte de la noche

Doy mis pasos colgado                       en las ramas
de las tenues sombras de árbol.
Miro a los ojos de los postes y de los semáforos
para ver en mis pestañas
             los vitrales
que adornan el nocturno paisaje.

Navego por los charcos
            y guardo en mis medias
la profundidad de los caminos.
Todas las cortinas cerradas,                custodias de los sueños ajenos,
me dejan en privado
             con la lluvia y con nadie.

La ciudad me pertenece.                     Camino sin afanes por mis dominios
madrugados
y me acompañan ciertas sombras y sus luces,
             la indiferencia húmeda de los demás,
andenes,                      puentes,                       parques y potreros.

El camino es el espíritu del mapa                   tiene sus formas, sus dobleces,
conserva en cada esquina                    la longitud de sus misterios
Pero mi destino ya está trazado en mi pies.
Intento abrirme paso               por las fronteras de los barrios
            soy un transeúnte cosmopolita
que atraviesa sueños mientras se mueve
                                              Y que sabe que hasta los ladrones duermen


Témpano

A Hans Magnus Enzensberger, El hundimiento del Titanic.

Frío, pálido y calmo
observa desde lejos el fantasma.
Una década enmudecido,
un náufrago de días pasados
buscando en el ayer los rastros del hielo,
la profunda herida del acero
y los cuerpos congelados.

Una década buscando versos pronunciados,
diez años de cambios,
3650 días de vida
te distancian del pasado.

Imposible escucharse hablar del todo,
lograr oír de nuevo, lo que dijiste hace diez años.
Aún así ese es tu esfuerzo,
ir más lejos, más atrás, hasta volver a abordar el barco
y navegar hasta el medio del Atlántico
para encontrarlo
para ver de nuevo al fantasma
frío, pálido y calmo
quien esconde su grandeza de los ojos humanos.
Translúcido, refleja, juega con las luces del escenario;
se camufla en la noche, es uno con el cosmos
al buscar su rumbo en las infinitas aguas
y choca, rompe la burbuja,
para dejar a la deriva,
aunque a flote,
la bajeza de lo humano.


Cerveza

La lata suda porque espera nuestro encuentro.
Adentro sus burbujas gritan,
Su marea se impacienta y al abrirla saca espuma.
Dorado el líquido que guarda, baila al tacto con mi boca;
Su intimidad llega a la mía y se vuelven una.

Somos uno para el otro en cada sorbo
Al buscarla tengo sed y ella espera ser bebida
Y con relativa calma nos consumimos.

Sorbos y más sorbos hasta que la encuentro vacía
Otra lata llega, tal vez una botella
El ritual de sorbos continúa.
Ahora soy yo las mareas.

Latas y botellas yacen ahora vacías.
Yo, lleno de ellas.
El mundo siempre cambia cuando ellas me habitan;
Dependiendo del primer sorbo
Seré tristeza o alegría.

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