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ANTOLOGÍA: GABRIEL MORALES

GABRIEL MORALES. Nació el 29 de Octubre de 1999 en Bucaramanga, Santander. Actualmente cursa sexto semestre en la Universidad Industrial de Santander en la carrera de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana. En 2013 ganó el 1er Concurso Juvenil de Cuento “Imagínate que imaginas” organizado por COCUZA (Comité Cultural de Zapamanga) con el cuento “El pañuelo rojo”.


Dádiva

Aprendí a escribir tu nombre con d minúscula. Porque no temo doblar mis rodillas, pero no me apetece. Porque puedo inclinar mi cabeza, pero quiero clavarme en tierra.

Sigue siendo un mes, otro mes. Me sigo moviendo en los mismos péndulos entre
el gran péndulo. Pero ya aprendí, por fortuna, en medio de otro funeral, a escribir
tu nombre con d minúscula.


Ciudad

Como la furtiva noche, esta ciudad se clavó en mis entrañas, me destripó de a poco pero me cortó de tajo las alas.

Ahora soy solo pies que caminan, descalzos, callosos, sin dirección, esperando a ser embutidos por el negro asfalto.


Bestias

Tres bestias me atacan de noche, todas las noches sin falta
no se ponen horario y siempre caen a mis espaldas
cada una escoge un rincón, para poder hincar sus garras
pelean por la zona más apetitosa mientras desgarran las mantas
una cae sobre el pecho y se come mi masa
otra repta sobre el cuello para perforar mi garganta
y la otra mira al espejo cuando las luces se apagan.


Como si fuera cotidiano

Es un buen atardecer. El hampa prevalece, el cielo ya casi revienta y las sombras se congelan cuando mis parpados mueren.

Es una buena noche. Ya estoy listo, ya hice mis oraciones, ya caminé sobre el asfalto herido mientras besaba con hastío mis recuerdos fríos.

Ya es de madrugada. Ya dibujé la linea sobre el horizonte, desolado al fin pude gritarle al cielo, como si fuera lo de siempre, como si fuera lo cotidiano, como si todo fuera en vano.


Espacio sideral

Una tarde de septiembre el silencio se convirtió en marinero. Empezó a navegar entre el espacio sideral que se esconde entre dos pupilas, pupilas tan lejanas como los mares que las nutren. Cuando se cansó el marinero, gritó al blanco cielo mientras su barca de pelo agonizaba. Cuando se cansó de gritar, se desgarro la piel, para no volver a tener párpados.

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