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EL IVAGINARIUM DE MARIA MONTOYA

Un proceso artístico desde lo interno, que se apropia de la historia particular, para sacar a flote aquello que nos molesta y hacer de ello un escudo. Es así como el insulto empodera a Maria Montoya para convertirse en un arcoiris de colores en El Ivaginarium, donde la ofensa se vuelve fortaleza, pues “en el momento en el que uno resignifica la ofensa, la ofensa pierde sentido”. Por eso decidimos adentrarnos en su mundo, para conocerla un poco mejor.

Por Angélica Castellanos.

El IvaginariumMaria Montoya.
Fotografía de Jessica Contreras.
2019.

AC: ¿Cuál es la razón de tu interés en la comunidad queer y cómo impregna este interés toda tu propuesta artística?

MM: La razón de mi interés en la comunidad queer básicamente viene de una búsqueda propia: entender quién era yo o quién quería ser yo, entender qué era lo que yo quería hacer de mí y por qué no encajaba en el mundo normativo en el que vivimos. Darme cuenta de que yo no tenía que vivir bajo unos estereotipos, o bajo unas normas específicas, o bajo unas etiquetas o categorías, me hizo ir asumiéndome a lo largo de mi vida como una persona queer. Yo no me sentía cómoda tratando de meterme en alguna caja o tratando de ser parte de una etiqueta o de alguna categoría, entonces ese se volvió mi interés y la razón por la cuál estoy tan metida en esto. Finalmente mi obra es un reflejo de lo yo soy, de lo que yo pienso. Ambas cosas van de la mano, son inseparables.

¿Cuál es el sello distintivo del arte de María Montoya?

Yo creo que mi sello está un poco en que yo me aprovecho de la iconografía popular colombiana, e intento que en todas mis imágenes haya algo muy marcado de lo que es nuestro contexto, o nuestra cultura. Obviamente, hay también otros elementos, incluso gringos o europeos, pero igualmente yo me apropio de estos y los hago un poco más míos, incluso más latinos. Siento que en gran parte ese es mi sello y bueno, también el color es algo que siempre estará presente en mi obra, en la que también hay algo como de veneno, como de humor, de sátira. Nada de lo que pongo, por más inocente o infantil, o saturado que se pueda ver, deja de tener todo un trasfondo que es fuerte. Yo intento sentar posturas a través de mis obras, o hacer crítica, no solo social sino de cosas más intimas y más personales, pero que finalmente son cosas que nos tocan a todos. Siento que eso es como lo más característico de mi obra y lo que intento potenciar a diario.

¿Que es El Ivaginarium y cómo nace?

El Ivaginarium es mi más reciente obra. Llevaba ya un buen tiempo incubándose pero el proyecto salió a la luz hasta hace unos dos meses, y surge desde todo mi proceso en la carrera de artes visuales. Es una recopilación de todos los temas que intenté abordar a lo largo de mi carrera, y se convirtió también en una necesidad vital para mí. Era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo pero que solo con el paso de los años pude ir construyendo a partir de la apropiación de un montón de herramientas que me permitieron crear algo mucho más solido, como lo es este proyecto. Básicamente nace de la necesidad de empoderarme, de reconstruirme, de reivindicar una serie de insultos que recibí a lo largo de mi vida y mostrar un poco al público lo que yo hice a partir de eso, como me lo apropié y como lo volví todo este listado en algo muy mío, y como me puse en la tarea de re-significar los insultos y hacer algo que para mí fuera potente y que me potenciara a mí como persona.

¿Consideras este proyecto como una especie de catarsis?

El Ivaginarium es una catarsis básicamente porque, yo a partir de este listado de insultos construí, desde del dolor, desde algo que en algún momento de mi vida fue doloroso y cruel, construí algo que me potenció, que me empoderó y se volvió parte de mi. En el momento en el que uno re-significa la ofensa, la ofensa pierde sentido. Eso es lo que yo quería con El Ivaginarium y todo el proceso catártico que tuve, incluso desde el mismo proceso de sentarme a escribir, volver a los recuerdos, volver atrás y ver que en realidad, lo que en algún momento sentí cruel, o sentí doloroso, fue parte de lo que me convirtió en la persona que soy ahora y de la cual siento orgullo. Entonces fue como desbaratarme toda esa idea del dolor, de lo cruel que pudo ser, y ver en mí toda una potencia. Básicamente, con El Ivaginarium, la ofensa dejó de ser ofensa, y yo me potencié, me empoderé y me subí a un pedestal del cual no me voy a bajar.

¿Cómo planteas hacer de El Ivaginarium un colectivo?

Siempre tuve en mente que me gustaría mucho que este proyecto se volviera, no solo un proyecto personal sino colectivo. Yo creía que para empezar en lo colectivo, debía primero lanzar un proyecto que fuera personal, que fuera muy mío, y ver cómo otras personas ase activaban con el proyecto y también recibir propuestas de otras personas. Cuando El Ivaginarium salió a la luz, a pesar de que en el fondo yo quería (y aun quiero) que sea un proyecto colectivo, fue increíble ver que aún siendo un proyecto tan personal, tan íntimo, tan mío, y que yo hice para mí (en primer lugar, lo hice por mí y para mí), era increíble ver cómo un montón de personas se conectaron con él, se sintieron identificadas y atravesadas con este proyecto, y para mí eso fue valiosísimo. Creo que, incluso desde ahí ya se empieza a formar una idea de colectividad. Yo quiero llevar esto a puntos más grandes y convocar a más personas. Estoy dispuesta y abierta 100% a recibir propuestas de personas para ver en qué podemos trabajar. La idea es que esto sea grande y que la gente que quiera ser parte se acerque y que podamos construir juntos.

¿Por que basarse en los insultos para hacer arte?

Me basé en los insultos para construir mi obra precisamente porque vivimos en una sociedad llena de odio: odio hacia lo distinto, odio a lo diverso, a lo que está fuera de la norma, fuera de la caja, fuera de lo estratégico, del deber ser y todas estas etiquetas que se nos han impuesto. Entonces, para mí era como una fuente de trabajo increíble, porque finalmente mi vida estuvo atravesada por eso mucho tiempo, desde que yo era muy pequeña, y sentí que era absolutamente necesario hablarlo desde ahí, desde mi propia experiencia y en relación al contexto que habitamos. Ver también cómo algo que puede ser muy fuerte, o agresivo, se puede convertir en algo bello y lleno de poder, y de amor. Era absolutamente necesario hablarlo desde ahí y resignificarlo.

¿Que experiencias buenas y malas te ha dejado este proceso?

Específicamente, cuando uno decide como artista hablar de temas de género, uno sabe que está lidiando con temáticas que son casi que para coger con pinzas, para tocar muy delicadamente, porque hay distintas posiciones, y algunas posiciones son muy marcadas, muy radicales, así que uno sabe que puede herir susceptibilidades. El proyecto me ha traído más cosas buenas que malas, pero claro, también ha habido comentarios negativos, comentarios de personas que tienen unas posturas muy radicales y muy personales, y que pueden resultar complejas cuando se enfrentan con las mías. Yo siento que es una cuestión de postura, de respeto, de tolerancia, y que por el lado bueno han sido muchísimas más las cosas que han sucedido. Para mí lo más importante es ver cómo la gente se ha sentido atravesada por este proyecto, personas que habiendo sido víctimas de maltrato, de ofensas e insultos, ven que pueden apropiarse de eso, aprovecharse de eso para construir algo para sí mismos, algo de lo cual sentirse orgullosos y potenciados.

¿Qué mensaje quisieras dejarle a todos los que luchan por la igualdad de género?

El mensaje básicamente es que este tipo de luchas que nosotros asumimos, desde lo queer, desde el género, desde lo sexual, son luchas que no tienen un fin. Yo creo que son cosas por las cuales hay que trabajar todos los días, incluso en cosas muy cotidianas y mínimas que a veces pasamos por alto, y que debemos ser constantes con eso. Esto no es ni una moda ni es algo pasajero, es algo que de verdad está ahí y por lo cual tenemos que resistir todos los días de la vida, desde lo más mínimo. También es una invitación a que respetemos los procesos de otros, porque a veces es muy fácil caer en el odio, en la ira, en la intolerancia, y básicamente desde donde nace esta lucha es por la igualdad. En la medida que nosotros logremos entender también un poco y respetar el proceso de otros vamos a poder construir una colectividad, desde la cual se puede luchar mejor, y se puede entender como cuál es el gran propósito de todo esto, y los propósitos personales que todos tengamos. Entonces es recordar eso siempre, ser muy consciente de que esto está presente en la vida diaria, desde lo más chiquito a lo más grande, y construir una colectividad en la que todos podamos aportar algo.

¿Cómo crees que esos proyectos ayudan a la lucha por la igualdad?

Estos proyectos, sin duda alguna, siento yo que van aportando un granito de arena como en toda esta lucha por la igualdad. Hay personas que desde la comodidad de su casa, desde sus camas, se ofenden y opinan, o hacen comentarios negativos acerca de estos proyectos. Pero es muy fácil sentarse y criticar sin hacer nada. Sin embargo, cuando hay personas que intentamos, así sea desde una manera muy inocente, hacer cambios o hablar desde nuestras experiencias de vida para impulsar a otros o empoderarlos, creo yo que ahí se va poniendo un granito de arena más en esta lucha que es tan grande y es tan eterna. Y que es diaria. Finalmente, todo lo que uno puede hacer desde su experiencia propia, desde sus cercanos, en la manera en la que sea, todo finalmente es un aporte a que otras personas sean capaces de entender, o de ponerse en los zapatos de otros, y de llegar a convivir con respeto y tolerancia, aunque seamos distintos y diversos, y reconocer que en esa misma diversidad hay demasiado potencial y hay demasiado por aprender y por enseñar entre nosotros para ser una sociedad mejor

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