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ANTOLOGÍA: BRUNO DI BENEDETTO

183483_1861567942134_2320075_nBRUNO DI BENEDETTO. Nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1955. Desde 1979 reside en Puerto Madryn. Ha  publicado “Vengan juntos” (relatos, Editorial Tela de Rayón, 2007), y los poemarios “Palabra irregular, “Complicidad de los náufragos” (1988), “Dormir es un oficio inseguro”, “Country” (Ed. El Surí Porfiado, 2009); “Crónicas de muertes dudosas” (Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 2010 y Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011); “Nada”, (Editorial Ruinas Circulares, 2014, Buenos Aires), “Crítica de la espera” (Ediciones de la Eterna, Tucumán, 2015) y “Cámara de niebla” (DelValleBajo Ediciones, Viedma, 2015). Sus textos integran antologías publicadas en Argentina, Colombia, España e Inglaterra.

 

Antimateria

La temperatura de fisión se alcanza en la superficie del espejo:
la espina dorsal del ojo se vuelve bífida, pero el dolor viene
de saber que lo igual es enemigo de sí mismo.  La cargazón
eléctrica  reparte puntual su discordia: a cada palabra le nace
una antipalabra; la infección de luz sube de átomo en átomo
y no hay antídoto para lo que no se puede decir. Los cuerpos
generan sus anticuerpos y estallan, de placer o de antiplacer,
da igual: en esa milésima de encuentro antes de la explosión
cada uno dice su nombre verdadero, el de morir y el de matar:
un secreto que queda cimbrando en la nada, que es sordomuda.

 

I. Pasado

El fondo del espejo vende gato por liebre: en esa precipitación
no hay tiempo sino pátina de veneno: temblor de azogue según
pasan los años, o el comienzo de una bella enemistad. La borra
en el vidrio dice fondo blanco, pero el final es fácil de adivinar;
exceso de Li Po: aspiración de bañarse en el río más de una vez
y tomar la luna por los cuernos. Curdas andamos, pasadísimos
por el tubo de una sola vía, extrusión al rojo del hilo de plata
que te ata y te desata, y qué, y qué: igual te vas aunque te olvides
de partir. Mejor flotar sin memoria, nieblas sobre un cementerio
de elefantes: en Casablanca todo es esperar, amar, olvidar, morir.

 

II. Presente

En ese tajo de luz terminan todos los futuros menos uno.

Se habla al borde de la voz: la tensión de la cuerda vocal
aprieta el nudo corredizo; jugamos al ahorcado, y nunca
hay una palabra que ocupe el lugar del vacío. Una timba
el tiempo; se juega todo o nada sobre el filo de una yilé:

el futuro, que es todo, se vuelve pasado, que es esa nada
mal llamada memoria. La memoria de quién. Me moría
de qué. Nunca vamos a llegar a la otra orilla: el presente
es un escorpión fiel a su naturaleza, se hunde en la rabia
de no ser nunca igual a sí mismo, y muere preguntando

por qué.

 

III. Futuro

El futuro llega por tracción a sangre: lo que tira de la rienda
de los nervios todavía está por nacer, pero ya puso su huevo
en el mismo lugar del grito: de ahí nacen pájaros o engaños.
En ese desconcierto somos tripa sonando bajo el arco de crin:
de reojo vemos venir la mano, el ajuste de clavijas, y el dolor
nos afina de lo grave a lo agudo: lo que nos hiere en el ahora
es una astilla del mismo palo que la esperanza: nada hay peor.
Espiamos los jardines del porvenir por la cerradura de ese ojo
remachado en la conciencia: el tiempo es un veneno partido
en dos; uno de los extremos culebrea ciego en la antimemoria.

                                                Hotel Chubut  (para pacientes y familiares),
                                                                           Buenos Aires, enero de 2014.

(De “Cámara de niebla”, 2015)

 

Construcción  del espejismo

No es indispensable un desierto.
Se puede prescindir sin pena de beduinos y palmeras.
Alcanza con una superficie plana recalentada al sol,
aire frío sobre aire caliente, un rayo de luz quebrado
y torcido por la anomalía, guardar la debida distancia y ya:
se confunde eso que llamamos cielo
con agua que te ha de salvar.

(Un espejismo está hecho de cosas que apenas existen
dispuestas en el orden correcto y en línea con tu ojo.
Lo que da realismo al conjunto es la agonía de tu sed).

 

Nudo

En el centro de la galaxia hay
un nudo de estrellas atado a la oscuridad:
giran alrededor de algo que es menos que nada,
apenas un  puntazo por debajo de la línea de flotación del infinito.
Pero el agujero brilla por su ausencia sólo para el ojo:
lo imposible pesa cuatro millones de veces más que el sol.

Hemos brillado
hemos brillado, amiga mía,
pero todavía no sabemos si la vida
es girar alrededor de lo que no existe,
o alrededor de lo que existe demasiado.

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