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SOUNDAY FEST 2017 EN KUSSI HUAYRA

Por Alejandra Rodríguez (Any Schubert).

Fotografías por Andrés Lamus.

El pasado 27 de Septiembre, la casa cultural Kussi Huayra abrió sus puertas para llevar a cabo el Sounday Fest 2017, siendo el primer escenario de este evento de 3 días y 3 ciudades distintas (Piedecuesta, Bucaramanga y Barrancabermeja), del que fueron parte reconocidas bandas de Santander, y en donde se vivió “la magia de tenerlo todo”, elevando la música al son de diferentes tierras, culturas y experiencias.

Desde Bucaramanga The Riverman, primer interprete de la noche, puso en escena su trabajo discográfico “For Oliv and Chris and my Universe“, así como algunos temas pertenecientes al tan esperado “Even If I Lose Everything“, con ritmos ambientados en la música folk norteamericana que nos transmitieron su lado más profundo (la vida misma en sus contrastes): el aire, puro y cálido, atrapado en nuestros ojos, el caer y el levantarse, el día y la noche, las risas y las lágrimas, la felicidad y la tristeza, cada paso que damos sin desesperación, desatando nuestros miedos a fallar.

“Las risas y las lágrimas, la felicidad y la tristeza, cada paso que damos sin desesperación, desatando nuestros miedos a fallar.”

Más tarde, el baile no se hizo esperar al dar la bienvenida a la música proveniente de las montañas, la niebla, el frío de la madrugada, el despertar con el canto del gallo, el tinto caliente bebido en honor a la naturaleza, las fiestas de antaño, el guarapo, la chicha, el masato y las comidas típicas; encantando la noche con nuestras raíces y tradiciones, dando paso al Colectivo Social La Panela, representantes de la cumbia garrotera: una propuesta que rescata las voces de nuestros ancestros, reencontradas en los integrantes de la agrupación: Jorge Luis en el timbal, Rogerio García en el alegre, Yordyn Lizcano en el llamador, Alexander Camargo en la tambora, Sandra Martinez en la guacharaca y maracones, Brayan Garcia en el bajo, David Gonzalez en la segunda guitarra, Emanuel Rodriguez en la trompeta, Juliana en la flauta y Jusstine Fly en los coros.

Y al cierre de La Panela, un recorrido musical por toda Colombia nos condujo a Invisibles. Su música se expresa como energía liberadora, donde la fuerza es lo primordial en la exclamación de lo subjetivo, plasmado en el escenario sobre cada uno de sus cuerpos; y sus letras, que conectaban los acelerados riffs de la guitarra con la dulzura de su voz líder, al son de una batería profunda, violenta, como el batir de las olas contra el acantilado.

“Al son de una batería profunda, violenta, como el batir de las olas contra un acantilado.”

Fue entonces el turno para El otro grupo, quienes llegaron a inundar el escenario con sonidos diversos, muy propios del rock, invocando un espíritu antiguo, renaciente: manos descontroladas en el micrófono, estallando la guitarra al cien: psicosis hecha crujidos que conmovió al público, renovando el ambiente y llenando la noche de una energía eléctrica.

Energía que dio paso a Subversónicos, con la voz decadente y dulce de Atu, que rasgaba las cuerdas de su guitarra (y de su garganta) al ritmo envolvente de Dalila Tapia en el bajo: esa beldad pelirroja que, como ángel maldito, eclipsó con sus sombras de sal las luces del escenario, subvirtiendo el sentido mismo de su música en caos y deleite.

“Esa beldad pelirroja que, como ángel maldito, eclipsó con sus sombras de sal las luces del escenario”.

Entre charlas y risas la noche fue siguiendo su propio camino, rebelde como las sillas cerca del escenario, vacías ante un público en pie para recibir a la banda más aclamada de la bonita; un público que se acercaba para admirar, detalle por detalle, sus gestos, expresiones, rasgueos, golpeteos, el espíritu de su música, el sentir de sus voces, y en ellas, la entrega de cada una de sus letras; una vez más en un lugar que los acogió y los refugió con el cariño más transparente y sincero de los que una vez fueron inocentes, principiantes, con deseo de obtener lo que tienen ahora, semillas puestas y cosechadas en cada corazón bumangués, atenidos a la voz de Angel Parra: dulce, consumida y tragada, percibida a centímetros, perdiéndose en las paredes, retumbantes como los bombos, restallante con cada golpeteo de Leonardo parra en la batería, de Juan Pablo Estupiñan en el bajo y de Daniel Rivera en la guitarra, sostenida en sus manos con fervor a la par que ejecutaba los estruendos y solos indelebles e inolvidables de las melodías más conocidas de la banda, tales como Abismo, La carretera, Mientras giro, entre otras, clamando el público una canción más, y finalizando con Vida Malparida.

“Entre charlas y risas la noche fue siguiendo su propio camino, rebelde como las sillas cerca del escenario, vacías ante un público en pie.”

Así se vivió el Primer Día del Sounday Fest 2017, en la casa cultural Kussi Huayra, anticipando lo que sería el show que se llevó a cabo en Bucaramanga y en Barrancabermeja, con ligeras variaciones en el line up que llenaron de gozo los corazones de los asistentes.

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