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COLOQUIO INTERNACIONAL DE POESÍA Y FILOSOFÍA: UN VIAJE MARAVILLOSO



Por Ulises Paniagua.
Imágenes tomadas de @coloquiopyf.

El Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía celebra una nueva edición. Este año, 2026, lo hace en dos países: Colombia (de forma presencial), y México (de forma virtual). Los festejos se harán en medio de sístoles, diástoles, ritmo, versificación, teoría, metáforas, epistemología, ontología y una propuesta senti-pensante dentro de los verdes territorios de Bogotá, Medellín, Paipa y Manizales; y a través de transmisiones virtuales gracias a la colaboración del poeta Takeshi López (director del proyecto Invencible TV) y el escritor Abraham Chinchillas (director de El bibliófono). Habrá flor y canto, como dicta la tradición mexica; habrá indagación y fenomenología tanto científica como metafísica porque, como dicta Gaston Bachelard, “la poesía es una metafísica instantánea”; porque, de acuerdo a Alfredo Silva Estrada, “la poesía siempre ha buscado en su esencia el regreso a las cosas más sencillas; es una suerte de fenomenología”. Poesía y Filosofía son disciplinas intrínsecas, porque “ambas nacieron del asombro”.

Para esta celebración nos respaldan y acompañan grandes revistas internacionales: Ars Notoria desde Inglaterra (a través del escritor Philip R. Hall), y Revista Innombrable desde la propia Colombia (dirigida anteriormente por el poeta y filósofo Mauricio Arcila Arango, y hoy por Camila Ríos Monsalve, con el apoyo de Mauricio). También contamos con el invaluable apoyo y la impecable organización de la querida poeta Valentina Rojas, desde Medellín, y del poeta Juan Esteban Londoño desde Bogotá, así como con la ayuda de Jannetth Rico Preciado desde Paipa. Es un privilegio, para el coloquio, tener como sede la tierra del poeta José Asunción Silva, quien escribió: “¡El verso es vaso santo; poned en él tan sólo / un pensamiento puro”, y del bien interesante Raúl Gómez Jattin, quien confiesa: “Ya para qué seguir siendo árbol / si el verano de dos años / me arrancó las hojas y las flores…”

En una propuesta claramente internacional desde su inicio, este encuentro ha realizado ya una pequeña gira, en su necesidad de escuchar y ser escuchado. El año pasado, 2025, se realizó en Gáldar, pequeña y hermosa ciudad localizada dentro de Islas Canarias, España. Contó con la participación de numerosas y numerosos poetas y gente de filosofía, con nombres como los de Antonio Arroyo Silva y Alicia Llarena, bajo la brillante organización de la narradora, periodista, poeta y gestora cultural, Josefa Molina.

El Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía es una flor que nació del pavimento. Brotó justo hace seis años, en tiempos de pandemia, ante la necesidad de brindar una voz personal y colectiva contra el horror y el miedo irracional. La idea de su aparición fue la de lograr un diálogo literario y filosófico que invitara a la reflexión y la sensibilidad humanas sin importar raza, cultura, preferencia sexual, institución educativa, país o continente. Surgió en medio de rudos tiempos de egoísmo, bajo aires de guerra, ante la amenaza de una epidemia; aunque ajeno a las competitividades y la barbarie como respuesta inmediata a cualquier asunto. Tuvo, desde su origen, tres objetivos: 1) demostrar que un proyecto civil, aparentemente modesto, puede viralizarse de forma internacional; 2) despertar la empatía y la conciencia en tiempos donde la gente manifiesta un odio inmediato hacia las otras y los otros; y 3) acercar a las académicas y los académicos al público general, a la gente común, que requiere escucharles.

Las razones que impulsaron esta propuesta fueron varias. Viajaron de la intimidad hasta alcanzar cuestionamientos colectivos. Eso lo vuelve interesante, supongo, como ente orgánico y contestatario. Me explico. Recuerdo una reunión a la que fui invitado. Por hacer conversación me acerqué a un poeta y a una joven (quien le escuchaba con atención en medio de la tertulia). Escuchaba al tipo explicar los clásicos argumentos filosóficos y acudir a los clichés de las citas comunes: Heidegger, Schopenhauer, Nietzsche. Hubo un par de situaciones que comentó, que me parecieron absurdas. Con esa filosa ingenuidad que solía mostrar Elena Garro en medio de las vacas sagradas que eran Octavio Paz y sus amistades cercanas, me atreví a hacer un par de observaciones. El tipo comenzó a enfurecer. Recurrió a argumentos que había aprendido de forma obediente durante lecturas y lecciones escolares o profanas. Dejé pasar la tentación de discutir; su criterio particular era casi nulo. La chica me dio la razón un par de ocasiones, lo que terminó por derrumbar de forma emocional a aquel tipo. Poco después dejé aquella fiesta “poser”.

Medité sobre un asunto urgente: la necesidad de pensar; de establecer un marco crítico único y decolonial. La urgencia de no acudir a argumentos europeos, occidentales, aprendidos como un catecismo. Estas ideas, sin duda, provenían de lecturas de Enrique Duselll y Bolívar Echeverría realizadas durante mi doctorado. Por otra parte, comprendí que era imposible para aquel escritor comprender la teoría cuántica, las sensibilidades de las culturas originarias. En adición, el tipo pretendía impresionar a la joven con su supuesta inteligencia superior (se consideraba un maestro sorprendiendo a la alumna). Nada más erróneo, hoy, ella se ha convertido en una asesora de tesis y una poeta importante. El acto era, además de epistemológicamente nocivo, un asunto chauvinista.

Dentro de estos argumentos, no es motivo de asombro reconocer los hallazgos que fui teniendo los meses cercanos sin ser un especialista en filosofía: Schopenhauer era misógino; Nietzsche también; los filósofos griegos eran brillantes más no incluyentes con el sexo femenino. Cuestioné: ¿en qué tipo de filosofía unilateral hemos fundado el conocimiento? Y entonces apareció en mi vida el libro Mujeres filósofas en la historia, de Ingeborg Gleichauf, que confirmó mis suposiciones.

Descubrí, a la par, que pocos poetas y pocos filósofos estaban dispuestos a entender las grandes revelaciones de la actualidad, temas como la neurociencia, la teoría de cuerdas, la propuesta interdisciplinaria y los sistemas complejos de Edgar Morín (quien rompe con la tradición positivista). Hallaba esa respuesta en programas televisivos como La oveja eléctrica, de Pepe Gordon, a quien le fascinan estos temas y que también es creador del festival El Aleph, organizado por la UNAM. Descubrí, con pesar, que en general filósofos y poetas se niegan a adquirir este tipo de conocimiento, que es ya de interés general. Y, sobre todo, hacen muy poco para descender de un olimpo pleno de premios, reconocimientos académicos, becas, puntajes de sistemas de investigación “¿En qué se han convertido nuestras mentes brillantes?”, me dije “¿En qué, esta generación de intelectuales y filósofos?” La desconexión con el pueblo, con los estudiantes, con el campesinado y con las masas era evidente. Incluso con el mismo origen de dichas disciplinas. Sócrates estaría, muchas veces, avergonzado de sus seguidores actuales. Y no imagino a Fernando Pessoa obsesionado por una beca gubernamental, por decir algo.

Hasta ahora solo veía congresos de especialistas destinados a especialistas. Un uróboros devorándose de forma continua, un Narciso deleitándose con su espejo; la hoguera de las vanidades ¿Hasta cuándo un nuevo paradigma, hasta cuándo una propuesta incluyente de filosofías árabes, orientales, prehispánicas, femeninas y feministas, vindicadoras de la afrodescendencia; una alephsofía? El siglo XXI, en sus problemáticas, merece respuestas distintas. Lo socrático y lo presocrático no alcanzan para la comprensión de la realidad actual, a menos que un cabeza dura quiera amoldar el mundo a un grupo de ideas que son suyas. Es como tratar de explicar la poesía de Nezahualcóyotl bajo un análisis hispanista de versificación. Imposible. En la imposición y obsesión de una hegemonía cultural, la humanidad perdió la ruta. Un círculo no cabe en un cuadrado.

Luego, y a su vez, ¿dónde entonces, en el transcurso de la historia, apareció la absurda separación, atribuida a Platón, entre poesía y filosofía? Platón, como es sabido, pidió la expulsión de los poetas de la república; pero hay que saber que lo que hoy entendemos como poesía era un asunto distinto a lo que comprendía el discípulo de Sócrates. Así lo hace saber, en algún libro, Wladyslaw Tatarkiewicz. Así lo muestran los brillantes estudios de María Zambrano, quien apuesta a la reintegración de ambas disciplinas. “Filosófico es el preguntar y poético el hallazgo”, declara Zambrano.

Con estas reflexiones, con esta argamasa científica, epistemológica, incluso metafísica, surgió nuestro evento. El lema vino a mí, de forma espontánea y natural: “Sensibilidad es pensamiento”. Uno o dos encuentros comenzaron a moverse, poco después, bajo esta inquietud. Conversaciones posteriores, como las que tuve con la doctora Virginia López Domínguez, hicieron confirmar que existían ya, desde luego, antecedentes similares a lo largo de la Historia. El más evidente, desde el punto occidental, fue el movimiento del Romanticismo alemán. Otro antecedente próximo fueron una serie de jornadas críticas, organizadas por este humilde escritor y el poeta Fernando Salazar Torres (quien ya no nos acompaña en este plano material), en la ya extinta Casa del Poeta de la Ciudad de México. Fernando Salazar Torres venía trabajando, a su vez, una temporada de poesía crítica, dentro de grandes sesiones donde participó el ideólogo y escritor José Vicente Anaya. El coloquio es, quizá, la consolidación viva de un marco teórico hecho carne bajo esta concatenación de ideas y experiencias.

La primera emisión fue mítica. Apoyada por revista Anestesia, Aleteo Poético y Taller Ígitur; con la contribución de Daniel Leyte (quien creó la imagen del encuentro en su momento) y la escritora Gabriela Santamaría, comenzamos a sembrar la esperanza y una sana distracción, vía virtual, en un mundo paralizado ante la amenaza del COVID. Gracias a la querida escritora Verónica Ortiz pudimos obtener el apoyo del canal del Fondo de Cultura Económica para las transmisiones, y una clausura inolvidable (gracias a la palabras del director del Instituto Cervantes, el admirado poeta Luis García Montero).

Dentro de las distintas emisiones han habido invitadas e invitados de gala: el propio Luis García Montero, desde España, desde donde también participaron Eloy Tizón, Luis G. Maestro, Manuel Ángel Vázquez Medel, María Ángeles López, Miguel Ángel Feria y Julio César Quesada Galán; desde Colombia, contamos con Federico Diaz Granados; desde otros países, Virginia Moratiel, de Argentina, Víctor Coral y Enrique Bernales Albites, de Perú, Athiná- Stylianí Michou Rorris, desde Grecia. Representando a México contamos con la participación de Héctor Carreto, Gustavo Osorio De Ita, Elisa Díaz Castelo, Óscar De La Borbolla, Ethel Krauze, Álvaro Solís y el Círculo de Filósofas de la CDMX, entre otras y otros magníficos nombres. En el segundo, tercero y cuarto Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía participaron el escritor y conductor televisivo José Gordon (La oveja eléctrica), el poeta y narrador Alberto Ruy Sánchez, el poeta y también conductor televisivo Eduardo Casar (La dichosa palabra), Ana Clavel, Mario Bojórquez, Leonardo Da Jandra, Jorge Valdés, Dana Gelinas, Rubén Rivera, Alfredo Pérez Alencart (España), Carmen Nozal, Mariana Bernárdez, César Cañedo, Francisco Trejo, Mónica Soto Icaza, Salvador Gallardo Cabrera, Susana Bautista, Martín Tonalméyotl, Hernán Bravo Varela, Julia Santibáñez, Mijail Lamas, Laura y Marina de Ita, Diego Roel, Luis Jorge Boone, Fernanda Melchor y Orlando Mondragón. También se efectuó un homenaje a la escritora española Almudena Grandes. Se ha incluido a casi una decena de Premios Aguascalientes y dos premios Loewe. Hemos tenido a autoras y autores de cuatro continentes, África, América, Asia y Europa; y de distintos países como Rusia, Argentina, México, España, Italia, Bulgaria, Portugal, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Costa Rica, Inglaterra, Estados Unidos, Cuba, Chile, Mali y Mozambique, entre otros. Han colaborado con nosotros proyectos y fundaciones como Museion, de Hanny Barrios (Cartagena), y Culturízate, de Carolina Servín, quien es actualmente nuestra directora de medios. Se ha promovido la difusión de idiomas originarios de México y otros países. Así, hemos mantenido sesiones bilingües de mixteco, zapoteco, náhuatl, euskera, catalán, guaraní, y otras tantas lenguas.

La lista es larga. No terminaría de mencionar y agradecer tanto talento. En esta sexta emisión, de forma presencial se cuenta con la presencia de siete países: Colombia, México, Argentina-España, Bolivia, Chile y Polonia. De forma virtual se presentan la India, con la participación del reconocido poeta Sudeep Sen; así como Mali, con la presencia del teórico y oficiante del género poético de los tebrae, Ismaël Diadié Haïdara. Contaremos con la asistencia de Venezuela, Italia, Estados Unidos (con poetas chicanas y chicanos bien interesantes), Polonia, Inglaterra y Costa Rica (con la mesa del poeta Yordan Arroyo). Nos acompañan el poeta y teórico Luis Gilberto Carballo, Carlos Katán, el gran escritor Homero Carvalho Oliva; Virginia López Domínguez, el maestro y reconocido poeta Juan Manuel Roca; Víctor Munita, la poeta y traductora Marta Eloy Cichocka, Daniela Pérez (co-organizadora), Ena Victoria Ramírez Peñuela (co-organizadora), Ángel Pérez Escorza (coordinador), y figuras del país sede con nombres como Bárbara Lins y Luis Fernando Cuartas.

El coloquio es una iniciativa honesta y honda. Es un géiser que busca liberarse. Es un aparato crítico. Es, citando a Baudelaire, “la herida y el cuchillo”; se convirtió en el hacha de que rompe el mar helado dentro de nosotros, al estilo de Kafka. Busca estremecer. Escribe Cristina Peri Rossi: “Aprendí, sin palabras, que el deseo es así: comienza por la mirada, por los ojos que descubren un objeto del que se imagina una fuente de placer”. Este coloquio aprendió, sin palabras, a desear el conocimiento, el verdadero, el sensible y profundo, no el tecnocrático. Hasta ahora, ha funcionado.

Ha sido un viaje largo y placentero, crítico y apacible. Nuevas ontologías, nuevas epistemologías y poéticas de más de veinte países se han dado cita en él.  Por supuesto, algún día el barco dejará de navegar. Pero, al menos, si es suficiente lo que hermosamente se procura, habrá interconectado a diferentes islas. El Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía es, en su propia existencia, en su “ser”, un mensaje para el mundo. Un recado incluyente, pacifista, de búsqueda humana. Un discurso abierto. O, al menos y modestamente, pretende serlo. Es un árbol que produce sonido, al caer en el bosque, aunque no exista un tipo “occidental” para escucharlo. El coloquio es y no es, a la par, y se difunde en su invisibilidad irrefrenablemente dulce.


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