ANTOLOGÍA: VALENTINA NUÑEZ

VALENTINA NÚÑEZ es una poeta barranquillera nacida en el 2001. Estudió filosofía y humanidades en la Universidad del Norte, y se desempeña como profesora de literatura. Su obra poética explora temas como las relaciones familiares, la feminidad, el abuso sexual, el suicidio femenino y el tránsito entre ciudades. Ha publicado en las revistas María Mulata N° 78 y participó en el proyecto Morir es un país que amabas (2024), de las editoriales Escarabajo y Abisinia, con el poema “¿Patria para quién?”. Obtuvo el tercer lugar en el concurso de poesía No más rosas (2019), organizado por el colectivo Las Amazonas, con su poema “Sororidad”. Fue ponente en el Congreso Colombiano de Filosofía, realizado en Pasto, con una investigación sobre el arte como herramienta política de memoria en el trabajo de las tejedoras de Mampuján, en los Montes de María. Ha participado en espacios culturales como Poetas en Casa, organizado por la Fundación Cultural Babilonia; en la FILBo 2024 junto a la editorial Santa Barbara; En el programa de radio Palabra y Ritmo de América Latina de la emisora Radio Positiva Estéreo (2025); y en el recital de poesía y naturaleza realizado en la Biblioteca del Centenario, en el marco de la COP16 en Cali. En 2024 fue ganadora de la convocatoria del Festival Nuevas Letras en Barranquilla y hace parte de su antología. Actualmente es becaria de la Maestría en Literatura de la Universidad de los Andes.
Una tarde después del colegio
Teníamos trece años
cuando sentíamos
que la vida era una tragedia.
Las historias iban y venían
en esas tardes interminables
de escaleras frías
y tareas incompletas.
La necesidad de ser recibida
entendida por un par de oídos
dispuestos a sufrir estas penas profundas
tanto como yo.
Angustia de no saber lo suficiente
como para decirle que
lo que ese hombre le hizo
no es algo que podamos dejar pasar.
El calor de la rabia subiendo en mi venas
porque mi amiga cargaba el peso
del silencio de no poder decir
que la habían lastimado.
A los 13 años no has aprendido a construir nada
pero te aventuras a rescatar a tu amiga
de la oscuridad de ese momento.
un par de palabras:
dime quien fue
No puedo
No puedo
No puedo
Llanto.
Luego un abrazo inmenso
en el que intentas decir:
amiga yo tampoco puedo.
No más escaleras frías
no más tardes de hornear galletas
suspendido en el aire
solo
el dolor de no poder recibirnos
porque la fantasía de nuestras tragedias
se volvió más real
de lo que un corazón de trece años
puede soportar.
Confesión a solas
Unos labios añejos y fríos
rebuscan la mandíbula
Esa mano enorme que te abre paso
entre la multitud.
Falsa seguridad en los brazos danzantes
de un cuerpo que parecía
guiarte entre las sombras
de la candelaria.
Caminar en la noche escabrosa
en medio de este palacio de espejos
que es la ciudad por donde te arrastras
Caer desmayada en un taxi
flotando en los vapores de la fiesta
confundiendo a Apolo y Dionisio.
Las luces de aquellas habitaciones
que se clavaban como cuchillos
en tus ojos inflamados.
La mirada de quien ya se aburrió
de tus jardines
El desprecio germinando
en el cubrelecho
de la cama
Tu rostro que se derrite
en el espejo
cada noche
Sonrisa a medio fabricar
el frío incipiente
filtrándose por el vestido corto
el dolor en el culo
en el corazón
llorar en el piso asqueroso
del parque de los hippies
porque “no te sabes comportar”
Sexo nauseabundo
sobre tu cuerpo
enfermo de tristeza
Eso y todo aquello
que te haces para
no cenar sola
con tu mirada vacía
reflejada en el cristal
del único vaso de tu
casita mustia.
Traigo los brazos rellenos de sol
El pelo sumergido en brisa de sal
Mis pestañas: dos semillas de roble rosado
Que cuál pájaro
en su descenso
Son casualidad de vida
Que irrumpe en el concreto de lo cotidiano.
Esta saliva agua de río
Y mi corazón un amanecer
Al este de la circunvalar
Árbol de mamón
Flor de mango macho.
Traigo en mis piernas un camino en pausa
Soy una mujer que se sabe reclamada
por la tierra
Mi vientre:
Una ciénaga misteriosa
y tímida
Que resguarda el secreto
De la vida
Traigo los ojos
Llenos de cielo
De azul
De ave
Soy la arena
Y la arena soy yo
Existo regada en el todo
Y el todo es mi llanto,
mi manto de piel expandida por el universo.
Des-amor
A ratos aún puedo sentir la sal
sobre mi piel, el sabor de tu boca
mientras nos amábamos
con la playa al fondo.
Cada día
una neblina,
acaso ausencia que no se hace
más liviana.
Nuestro amor sabía a raspao’ de kola,
era ese dolorcito en los pies
después de un paseo por la ciudad
fue soñarnos en mil y un latitudes
nos bastó querernos para tener tantas vidas.
Recordar quizás sea lo peor de ser humano:
es la condena de saberse vivo
en un mundo que ya no existe y, aún así,
prefiero esa ilusión a la sentencia de saber
que tú
cada día
al cerrar los ojos
me olvidas un poco más.
Antonio
Bajo la noche
pretendiste adivinar los días
que valdría la pena vivir
calculando cada aventura
para ahogarte en tu pena
la cantidad exacta del tiempo.
Lloraste en medio de acordeones y trompetas
gritando de ira
afanado por entender
el porqué de una vida difícil.
Ahora que me he marchado, te apagas de a poco
tu voz se ha elevado en la brisa
que viaja sobre el mar
te disuelves en la inmensidad.
Yo ya no te veré masticar el pomelo
en tu rutina diaria y lenta
no jugaré a tus pies
para escribirte las cartas
que nadie te escribió jamás.
Si supieras que mi primer te amo
fue encontrar en Celio la nota precisa
de tu melancolía
e intentar aprenderla
para llevártela en mi voz
y cantar contigo los boleros que te gustan.
Qué profunda tu tristeza
cuán dolorosa la rabia
y aún así, me tocó ser
quien recogiera los frutos
de tu inmensa ternura.
Lento te marchas, abuelo
y yo te miro partir
esperando tu regreso
como cada año florece el mango y
vuelve la brisa a la terraza
donde algún periódico aguarda por ti.
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Alter Vox Media S.A.S (NIT: 901019145-1) es una plataforma digital, enfocada en impulsar la escena artística y cultural de la región desde diferentes disciplinas.
Posiblemente, la mejor poeta de su generación.
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