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ANTOLOGÍA: VÍCTOR RAÚL JARAMILLO

VÍCTOR RAÚL JARAMILLO. (Sonsón, Colombia, 1966). Doctor en Filosofía, con estudios en pintura, música, fotografía y medicina biomanual. Fundador del grupo de Ultrametal ReencarnacióN, con el que lleva 35 años activo, más de diez trabajos prensados y un centenar de conciertos en el ámbito nacional y algunas presentaciones internacionales. Creador de un Consultorio Filosófico —primero de su clase en el país— donde interactuó con personas interesadas en su propuesta entre 1994 y 2015.

Ha publicado más de veinte libros entre poemas, ensayos, aforismos, relatos y una novela que no lo es. Ha participado en varias antologías en diferentes países, entre ellas: Poésie colombienne du XXI siècle; PlexoAmérica y Entra-Mar. Sus más recientes publicaciones son, en ensayo: Pensar la vida y la muerte y otras banalidades; Erótica como ética: manifiesto sobre el placer como deber (disponible en audiolibro en Storytel.com); Creación como mística: una criptografía de lo sagrado. La serie de entrevistas realizadas al autor por el escritor antioqueño Óscar Jairo González: Preguntas mercuriales para un insomne incendiado. Los libros de poemas: Trozos de materia desnuda; Cortezas de aliento; El eco de las piedras; Catálogo de Naves: obra poética 1992-2020. El libro de relatos, aforismos y ensayos: Monedas de oriente: otra manera de la filosofía como medicina. Y el libro de aforismos, cartas y ensayos dedicados al amor: Un libro que no esperabas. Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés y al francés.

Dirige el proyecto Libre Acceso Ediciones para lecturas gratuitas en la Web, y escribe para su micrositio Mancha negra y furia en el magazine virtual Laterales.com y en su blog personal Nexus universalis de la página Morada.co. Actualmente vive en Medellín.

Fotografía de portada por Marcela Ocampo.



MÚSICA

Aquello que más nos interesa,
no puede ser dicho.

Gerome Bosch

Eres común: pan para todos los hombres, sol de siglos, mar navegado por Ulises.

El alma se conquista en conjunto, y tú eres el alma de esta patria: oh, música.

Eres hogar, centro de lo íntimo, encantamiento.

Canto que nos sumerge y nos levanta. Risa de Elena.

Cómo haz de volver si no te has ido: viento huracanado agitando el bosque donde se acumulan las voces.

Tu fe es de la tierra instalada en la vida: presencia tuya que surge del deseo de ser-en-el-mundo. Tú —ausente de voluntad cuando te nombramos— actúas sin embargo y en tu red pescamos la respiración.

No te olvides de tus hijos.

Somos demencia y arbitrio, ciudades congestionadas de luces y herejías.

Ven y nutre nuestro desgarro, agiganta nuestros ritmos en la extremaunción del límite.

Música, arte de la aurora. Música contagiosa y filial, no olvides a quienes te nombran en la gruta.

Entusiasma nuestros corazones, haznos nobles, descubre de tu mano nuestros delirios y conviértelos en anuncio.

Modifica esta carnicería endiablada y danos la absolución… oh, música.

Anula las fronteras ya que nos diste el amor. Sálvanos de nuevo en el ejercicio de la creación.

No te olvides de nosotros, música.



EFIGIES

¿A quién podemos entonces recurrir?

Rainer M. Rilke

Tendidos en el campo de batalla, con la bota de los lobos en la boca desdentada, bulliciosos se estremecen los súbditos.

Arriba las águilas y los buitres rodean la carroña.

Gritos y lamentaciones llegan desde otra orilla y plañideras de Oriente los nutren. Quizá en otra guerra, en otro tipo de guerra se han convertido las batallas que anunciaban a sus héroes como interminables.

Ahora todo queda tendido en el campo y la sangre dibuja herencias que jamás serán siempre.

El sol abandona la encrucijada y la noche no los asiste tampoco. Una sinfonía dantesca, una danza macabra cubre los muñones y los lobos atesoran el diamante de sus corazones.

La gran quijada se ha extendido por todo territorio y algunos solo se atreven a orar.

Para qué, dirán muchos, si de allí nació la primera guerra.

El alcohol hirviente arrulló al becerro de oro, y el oro fungió en contra del becerro. Oro negro que el lobo arrebata para luego venir por el agua.

Búnker las plazas donde los niños ni imaginan ni intuyen.

País o flagelo a manos de otro lobo que atenaza y lacera la vida con la hambruna y su bolsillo extendido hasta otros continentes.

Los demás anillan dedos en contra de su barbarie. Son hombres solitarios que no pueden ser engañados como los idiotas.

Es fácil mentir a las multitudes, pero el solitario se detiene y escupe, se lava los oídos.

¡Lávate los oídos hombre decente y bueno! Tu bondad y tu decencia solo visten al tirano.

Avanza y detona tu palabra. Que los pueblos prueben la leche del paraíso. Que los días vuelvan a mostrar el diálogo entre bestias y dioses. Que los secos ardides del canto acudan a la vertiente de la palabra original. Que nadie quede por fuera.

¡Que el poema no calle en tiempos de miseria!



REVELACIONES DE UN NO CREYENTE

La finitud nos impide incluso pensarlo.

Joan-Carles Mèlich

Sé que no existes.

Es por eso que te sigo.

Eres ficción, conjetura, metáfora de la carne vencida de los hombres. Exprimida miseria de un deseo.

Algunos te levantan en las cordilleras y en el agua. Te multiplican. Otros te condensan —único— como la poesía.

Ejércitos han crecido como un trabajo feliz que madura en la ruidosa masacre de los impíos. Esa felicidad es volcanazo de sangre, pus y lepra de sus culpas adocenadas.

Has muerto también.

El hombre más feo del mundo fue tu asesino.

Contigo murió mi infancia. Tu cadáver es el corazón enmohecido de mi padre.

Ven, háblame desde tu nada, a mí: nada y absurdo del universo. Orilla del resplandor carroñero que crece en este valle.

Ven y nace de mis manos como un niño pequeño, como la jauría que dará presencia a los días. Acude desde mis entrañas y recorre el camino conmigo, con los amigos y mis amantes.

Desmiente las religiones que anuncian tu golosina.

Hazlas polvo en el hueso de mi verso.

Apaga la contienda de los mortales e infringe sus leyes de bestia hambrienta.

Ven y lucha con mi palabra —con la razón y la fantasía de mi palabra— que se prepara para el olvido. Ven, hundámonos en el mar de nuevo, brotemos de sus aguas con la firmeza del hombre que copulará con la tierra.

Arrecia, busca, destruye esta humanidad miserable y principia la fiesta del mundo.

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