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ANTOLOGÍA: LUCIANA NACIMENTO

LUCIANA NACIMENTO. 33 años, oriunda de Morón, Buenos Aires. Es Maestra de Arte Dramático, actriz y escritora. Ha ganado diversos premios entre los que se destacan el 1º premio del Concurso de Poesía Ginés García y de Ensayo sobre «Treinta años de democracia» (Buenos Aires, 2013); 3º premio del Concurso Iberoamericano HEPTAGRAMA (Perú, 2014) y el 3º premio II Concurso Litteratura (Barcelona, 2016), además de diversas menciones honoríficas.

En el año 2018 publicó de manera independiente su primer poemario titulado “Actitud Lírica”, impreso en Colombia, el cual fue merecedor en Enero de 2019, del premio de publicación de la editorial mexicana Literatelia, impreso en octubre del mismo año.

La autora ha participado de diversos festivales nacionales e internacionales. En el 2020 ha publicado su segundo libro titulado «Saudades y mareas».


CABALGATA ROJA

Déjenme redundar en un sueño
que murmura en mi historia colorada:
el horizonte titilaba lastimado con vista al exilio,
tanta promesa estrellada daba rabia,
implacable manera de dejarnos en la nada

Compañero viento,
compañera orilla,
compañera libertad

Yo había escrito “Venceremos”
navegando el corazón de los aguaceros,
porque el aire suspiraba veleros
y la luna tenía saudade de memoria,
venceremos en pueblos de acento de rosas
y en barcos negros de futuro resignificado

Y sigo gritando Venceremos
porque sabremos devorar lianas para trepar de la muerte
y disputar el rayo de sol de la mañana,
tibia magia merecida

Yo sé que ustedes me entienden
cuando dejamos que el mar acune
que el mar limpie, que el mar apague y rompa
la vasta carabina con que nos desordenan,
             sé que me entienden porque caminan el poema
cuando relincha la noche estrellada,

compañero muerto,
compañera luna
compañera rabia.


ROSITA

Mi abuela Rosita con su metro cuarenta
era tan grande como su eco,
de la incuestionable vieja escuela
donde se sentaban a la mesa Fidel, Fany y Patricio
a trazar sendas florecidas de ideas

Con su metro cuarenta, mi abuela Rosita
era tan grande como su voz de labios pintados
y sobrevivía al mundo con sus ojos pardos
haciendo corazón en las mujeres imposibles
y tocando la esperanza, la mesa de la escuela
las banderas perennes de los cielos partidos

Mi abuela Rosita con su metro cuarenta y sin tacones
nombraba siempre las cosas por su nombre
llamaba niño al niño, nazi al nazi, tibio al tibio
y a mí, Lucianita
con sus manos prolongando la ficha roja y su corazón de estrella

Mi abuela Rosita, de magia cierta y sin tacones
con su pelo de campanas y su perfume rebelde
jamás fue de las que compran estrellas en el cielo
su reloj de pueblo era el aire exacto para entonar
las canciones laboriosas de la gloria

Y mientras pudo recordar que ella era Rosita
inconquistable viajera de la tinta
antes de ver elefantes transitando aquel jardín
del asilo de ancianos donde venció su memoria,
antes de ser pájaro o suspiro o cometa,
ella fue el canto necesario
donde nace dulcemente aquello que jamás muere
para soñarnos vencedores
cada vez que se enciende el cielo.


INGRAVIDEZ

Fueron meses de apresto físico y mental:
estudiar sus leyes
mejorar el lenguaje
entender el punto G como
el campo gravitacional,
su ley de aceleración
su fuerza potencial

La recorrí con mis ojos
y escribí en el aire
“voy a treparla a 35 mil pies
voy a apretarla
hasta que sangren las estrellas”

Vértigo:
cruzamos la capa de ozono en tres minutos
con el pecho cuesta arriba
             vértigo,
mis ojos se cerraron y al abrirse
el universo entero posaba para mí

Orbitábamos a 27 mil km/h
sobre nuestros ejes todos
dando y dando y dando vueltas
el sol salía y se ponía, una y otra vez
sobre su sexo ingrávido

En el espacio soy más etérea, -le dije-
todo lo que toco, flota-
y sonreí mientras bebía toda su agua
antes que se condensara en el aire

Toda una misión espacial
fue tenerla entre mis dedos
maldita luna plateada,
             yo la amaba por lejana

Volver a tocar tierra
no era el deseo de ninguna,
era la ley de gravedad
interviniendo nuestro vuelo

Caer
caer, y ante el miedo recordar
que tomé del espacio muestras biológicas
para prevenir futuros romances.


TRANSMIGRAR

Reencarnarse [el alma] después de la muerte en otro ser vivo o en otro cuerpo inanimado en función de los méritos alcanzados en la existencia anterior, según algunas religiones.

Dicen que los muertos
nunca se van solos.
Y ahí estaba yo,
en una larga y calurosa fila
lista para hacer los trámites.
Preguntas de protocolo:
– ¿De qué murió?
– De un balazo, la policía me dio por la espalda, respondo.
– ¿Su edad al momento de morir?
– Treinta años
– ¿País, provincia, región, ciudad?
– Era ciudadana del mundo, le digo sin pensarlo.
– Mencione algún contacto de referencia y su locación, por favor.
– Juana, mi madre. Vive en Ituzaingó.

Un hombre calvo de la fila
un muerto con apariencia
de no haber muerto lo suficiente
escucha mis palabras y se acerca.
– Ituzaingó, mencionó, yo era de ahí también.
Su apariencia no me agrada
prefiero no darle demasiada información
sobre mis vivos.
Retoma el calvo, orgulloso:
– Fui militar en Campo de Mayo,
y aún hoy mis botas brillan

Continúa la fila de muertos
hay quienes se conocen
hay quienes no quieren volverse a ver.
Llega el momento de la última pregunta
– ¿Desea usted transmigrar?
– ¿El alma? pregunto
– Sí, tiene la posibilidad de elegir su nueva existencia

Pensé, de pronto
podría ser marinera de barco oxidado
o tocar la guitarra en un bar de blues
                ya sé, ya sé
sería la Malinche para negarme ante Hernán Cortés
sería una moto echando fuego por la Patagonia
o un niño de cinco años criado sobre las olas…
– Decídase por una, me dice sin paciencia
la muerta de la administración
-Seré entonces ese niño, afirmo sin pensarlo mucho

Continúa la fila protocolar,
me hago a un lado, observo al calvo
– ¿Desea usted transmigrar? Le preguntan
– Afirmativo, señora
siempre fui teniente, quisiera poder ser general

El calvo se aleja con una sonrisa tras sus gafas negras
sus botas pisan con el brillo de las últimas dictaduras,
yo me alejo con mi sonrisa nueva de niño
con mi sonrisa de ola
de marea que todo lo puede
de incansable marea infantil
capaz de ahogar la pólvora
en mi mar de flores vivas.

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