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ANTOLOGÍA: ÁLVARO CLARO

ÁLVARO CLARO. Profesor de literatura (UIS) y promotor de lectura (Biblioteca Nacional). Entre otros reconocimientos, ganó el Concurso Nacional de Cuento RCN-MEN (2010), las Becas Bicentenario de la Gobernación de Santander (2012) y los Estímulos a la creación artística y cultural (2016). Ha publicado en diferentes antologías como “Las maneras del abismo”, “Caballos en la niebla” y “Ruidos en el techo”, de Ediciones UIS y Ministerio de Cultura. También ha colaborado con la “Revista Sombralarga’’,  la revista “Suma Cultural”, de la Universidad Konrad Lorenz, y en el portal informativo “Las 2 Orillas”. Autor de los libros La peste y otras muertes (Premio Becas Bicentenario, 2012), Ausencias (Editorial UIS, 2014), Enjambre (Editorial Exilio, 2017) y Si el punk ha muerto nosotros somos la venganza (Imprenta Comunera, 2020).


LA GRAN ERUPCIÓN HUMANA

La gran erupción humana
que hoy marcha
empezó a trabajar antes de tener un título profesional
ha pedido rebaja en los tiquetes de bus
ha remendado la planta de sus pies
al no poder comprarse unos zapatos

La gran erupción humana
que hoy para
se casa a los veinte
con el sueño de comprar una casa a los treinta
pero muere a los 60
sin haber recibido
el primer pago de su pensión
-eso si no la matan
a los 17
con un gas lacrimógeno por la espalda-

Los impuestos
las regalías
el PIB
y todas las contribuciones
alcanzan para cubrir
las necesidades de los que menos tienen
necesidades
pero no para la gran erupción humana
que hoy prefiere morir
antes que volver a su tristeza diaria

Lo mismo pasa con el arroz
con el azúcar
con los libros
con los medicamentos:
alcanzan para todos menos
para la gran erupción humana

No queda un árbol sobre la tierra que les de sombra
no quedan luces en sus calles
no queda siquiera un techo sobre sus cabezas

Pero además de esperar
la gran erupción humana
hoy también arrebata
lo que el hambre dice que le corresponde
lo que los muertos sin nombre
sacrificaron por el futuro

Camina entonces hacia adelante
sin mirar ya hacia el pasado
la gran erupción humana
lleva con ella
la voz y la claridad
de los que se fueron
los que advirtieron que nos dirigíamos
hacia el abismo
hacia la estupidez de la serpiente
que muere envenenada por morder
su propia cola

Y este deseo
esta posibilidad
esta certeza de acabar todo
se consolida
como su mejor arma


AQUÍ TODOS LOS TIROS
ESTÁN JUSTIFICADOS

 A Lucas Villa.

Nací y crecí como hijo
de la ‘‘clase media trabajadora’’
Además del horrible calificativo
mis padres no pudieron
blindarme con algodones
contra el hambre
me educaron en la costumbre de ser servil
y tratar de hacer siempre lo mejor
para terminar los trabajos que me obligaban

Esta mañana los hilos
que sostenían el mundo
-ese mundo estricto y sin colores-
se rompieron
dejando caer al piso
esa compleja infraestructura social
que consideraba perfecta
en la exclusión que me heredaron

En adelante no me gustó
la gente de mi clase
ni recibir órdenes
ni estar obligado a cumplirlas

Me cansé de tener paciencia
y me uní a la protesta callejera

Ahora me llaman traidor
educado en historia y filosofía
empleo cada hora
de cada uno de mis días
en la única tarea de desmantelar
los hilos invisibles de la represión:
divulgo secretos
hago preguntas
y advierto la tristeza que ha de venir
porque también he sido iniciado
en los caminos bifurcados
de la prestidigitación

Descuelgo la balanza de su justicia
y muestro
su inclinación oscura hacia un costado
Los infiltrados ya me identificaron
y saben
que estoy siempre en Primera línea
cuando arrojan los gases lacrimógenos

Han amenazado con quitarme
lo poco que he podido comprar
con mi trabajo
Han acorralado a mi familia
impostándoles severos planes de rebelión
Por eso dieron la orden de disparar
ocho balas contra mi humanidad
contra mi humanidad
es decir
contra lo único que nos queda
a los de abajo

Marcado estoy por el fuego
y a todas partes donde voy
nadie pregunta ya
quién fue el que dio la orden
solo repiten
mientras hacen la señal de la cruz
que los agujeros en mi cuerpo
por algo que habré hecho
deben estar justificados


ESTAMPA DE UN MUNDO MUERTO

En los pasajes más técnicos de Emma Reyes
en el taller de Darío Morales
o en la corporeidad
más emotiva de Fernando Botero
el ojo se encuentra
con los ciudadanos del confort
garantizado por el Estado
en el preciso instante
en que adquieren el lastre título
de ‘‘clase media trabajadora’’

Escenifican bellamente
su vulnerabilidad
bajo el alud destructivo del trabajo
la familia
y la moral confundida
de las generaciones sin memoria

Desplazados más tarde
pidiendo limosna junto a sus sueños
-esos sueños flacos y sin color
igual a sus hijos-
ensanchan sus ojos tristes
al hablar de sus víctimas
hasta que ellas mismas las amenazan
con repetir su agonía
si no mantienen la fogata ardiendo
bajo el asombro de la luna

Con una paleta de colores semejante
a una fosa de cuerpos calcinados
tatucos de gas lacrimógeno
balas de mansalva
un arrume de cartuchos desgastados
arandelas
nitroglicerina
rollos de aluminio
libros
aerosoles
y cuadernos con apuntes
se vuelven fantasmas inquisidores
de la carne de los vivos
se sienten tan necesariamente reales
que han decidido hacer de cada día
un motivo para el sacrificio

En otra parte siguen existiendo
también los otros
los que no tienen necesidades
ni pesadillas
ni deseos de acabar con todo

Pero ahora ha cambiado el paisaje
han cambiado los términos
las pruebas irrefutables

Los fantasmas ya no pueden
volver a la normalidad
porque ya no esperan la pensión
no sueñan con un hogar
ni rezan para recibir
un nuevo vestigio de cordura

El mundo que conocían
-o en el que estaban atrapados-
se vino al piso un 20 de marzo

Ahora se escabullen y marchan
entre aceites y pinceles
hasta quedar
dispersos y concentrados
alrededor de las fogatas
con una cerveza compartida
frente a los parlantes

Hacen de Colombia
-trágico jolgorio de la fotosíntesis-
un estridente coro de cumbia
y mientras bailan
van esquivando las ilusiones de antes

Las pancartas
los tamales
y el televisor
ya no les satisfacen
las estúpidas promesas
como los espejos
para los indios
fueron arrojadas al fuego
para que ardan
cuando todo se haya silenciado

Se han dado cuenta
de que la copa de ‘‘champagne’’
nunca se rebosará
para que tomen ellos
los que han sudado para pagar
la botella

Y esta sed
esta confianza tan callejera
entraña aprendizajes
y una energía
que va a devorar
a toda Latinoamérica

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