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DÍA DE FURIA, MÁS ALLÁ DEL LÍMITE DE LA DESESPERACIÓN

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Por Sandra P. Medina.

Imagen tomada de www.imdb.com.

Hace unos días un amigo escribió en Facebook “Tanto odio, ¿Para qué?” Y  tiene razón, vivimos en un mundo lleno de ira, rencor, frustración y salvajismo.  Sin embargo, el odio es un sentimiento al que ninguno de nosotros hemos sido  ajenos, y de cierta manera ha servido para ser punto de inspiración de diversas películas e historias. Si no existiera el odio, no tendríamos manera de encontrar canales creativos para dar vida a nuestras ideas y así permitir que los demás se desahoguen a través de ellas.

Es el caso de la película Día de Furia (Falling Down, 1993) de Joel Schumacher,  protagonizada por Michael Douglas y Robert Duvall.  Cinta a la que considero una de las más catárticas de la historia del cine.

Douglas interpreta a William Foster, un hombre de clase media, aparentemente con una vida normal y un trabajo convencional. La película inicia con un atascamiento de tráfico en un día caluroso en alguna ciudad de Estados Unidos.

La cámara enfoca los típicos momentos que se viven en este tipo de situaciones, desesperación, ansiedad, angustia, rabia y  Foster en su automóvil, estático, observando fríamente las placas de los carros, las calcomanías, y todo lo que acontece a su alrededor.  De repente sale del carro, lo deja abandonado, necesita huir de ahí al igual que necesita huir de esos demonios que lo atormentan, como el simple hecho de no poder estar con su hija en  el día de su cumpleaños, pero no porque él no quiera o no tenga tiempo para hacerlo, simplemente por una orden de restricción.

La meta de Foster, su principal motivación, poder visitar a su hija y entregarle un regalo.

Durante su trayecto para llegar a la casa de su ex esposa, se va enfrentando con situaciones que van desencadenando una crisis de violencia en él.

Un hombre con aspecto normal, se va convirtiendo en el anti héroe de esta sociedad. Pero qué tanto de anti héroe puede tener alguien, que cuenta con el coraje para enfrentarse a las injusticias que vivimos día a día.

William Foster es un héroe realmente, que manifiesta su ira contra el sistema, contra aquellos que se aprovechan de los más débiles. En el fondo él sabe que no tiene nada que perder, pues ya perdió a lo que más quería, a su hija. Y por ello sus agallas para enfrentar todos los obstáculos corrosivos que se le atraviesan en el camino.

No somos mejores que William Foster, es más, todos tenemos algo de él en nuestro interior. Día de Furia nos permite desahogarnos a través de escenas magistrales, por ejemplo la del restaurante de comidas rápidas, donde él  deja en claro la falsedad de la publicidad a través de las apetitosas fotografías, o cuando entra al almacén del homófobo, fanático y depravado Nazi, que enfrenta de una manera visceral a través de la cual podemos purgar toda nuestra ira, causada por la injusticia y la estupidez humana.

Foster no es el tipo malo, es nuestro lado oscuro, es aquel que sin temor se enfrenta a lo que no es correcto en esta caótica sociedad; es nuestro canal para liberarnos de una manera sana de nuestros demonios, frustraciones y dolores.

Es imposible no sentirse identificados con él, porque en algún momento de nuestra vida hemos atravesado por situaciones que quisiéramos confrontar al estilo de William Foster. Pero si no lo hacemos es porque contamos con algo de cordura mental y con obras de arte como esta película que nos permite canalizar la bestia que reside en nuestro interior.

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