Saltar al contenido

ROCK AL PARQUE 2025: ENTRE EL METAL, EL PUNK Y LA MEMORIA DE UN SÁBADO EN BOGOTÁ

Quizá es la violencia con la que la música inunda el espacio en un ciudad vertiginosa en la que detenerse no parece ser una opción. Quizá no es otra cosa que el corazón palpitante de una Bogotá que renace año tras año. Lo cierto es el Parque Simón Bolívar tiene la particular capacidad de convertirse, durante algunos días, en una ciudad dentro de la ciudad. Una ciudad hecha de camisetas negras, botas, guitarras, vendedores ambulantes, conversaciones entre desconocidos, viejos conocidos y sed de emociones que vuelven a encontrarse frente a generaciones enteras que parecen reconocerse en el mismo ruido.

Redacción Alter Vox Media.
Fotografías por Andrés Umaña Cifuentes.

El sábado 21 de junio de 2025, durante la vigésima novena edición de Rock al Parque, esa ciudad volvió a levantarse, como un animal dormido que se rasga el pelaje para sudar una nueva piel, mudando rugidos por gritos, estertor de guitarras, vibrar de platillos y riffs, todo en un mismo lugar.

Los asistentes, repitiendo el ritual de las últimas décadas, llenaron el espacio desde temprano. Algunos en busca del metal, que durante los últimos 30 años ha construido buena parte de la historia del festival; otros siguiendo las guitarras del punk, el hardcore o el rock latinoamericano. Tres escenarios levantándose simultáneamente en espera de las manos alzadas y los rostros bajo la lluvia, un laberinto de verde y barro que obliga a escoger, a correr de una tarima a otra o, simplemente, a aceptar que en Rock al Parque siempre se termina perdiendo algo.Y quizá esa sea también una de las virtudes del festival: la imposibilidad de abarcarlo todo.

El sábado fue particularmente generoso con el público rockero. En el escenario Plaza, el día avanzó desde Herejía hacia Tenebrarum, Reencarnación, Hirax, Devasted, Belphegor, Somberspawn y Dismember. En el escenario Bio, mientras tanto, Mortalem, Okinawa Bullets, Mawiza, Sin Pudor, Polikarpa y sus Viciosas, Parabellum y A.N.I.M.A.L. fueron construyendo otra ruta sonora. El escenario Eco completó la jornada con Dead Silence, Rain of Fire, Cemican, Keep The Rage y Black Pantera. No era solamente una programación diversa. Era, de alguna manera, un mapa de las distintas formas que puede asumir el rock cuando despierta por fin, cuando vuelve a encarnarse en una ciudad hambrienta de música.


TENEBRARUM: LA OSCURIDAD TIENE MEMORIA

A las 2:55 de la tarde, el escenario Plaza recibió a Tenebrarum. La banda de Medellín no necesitaba demasiadas presentaciones. Más de tres décadas dentro de la escena del metal colombiano son suficientes para entender que su presencia en Rock al Parque tenía un peso distinto. El festival la incluyó precisamente como una de las agrupaciones nacionales con una trayectoria superior a treinta años.

Hay bandas que llegan a un festival para presentar un disco. Otras llegan para defender una propuesta. Y existen algunas que, además, cargan consigo una parte de la historia. Tenebrarum pertenece a esta última categoría. Su presentación tuvo ese carácter que poseen las agrupaciones que han sobrevivido a modas, cambios de escena, transformaciones en la industria y generaciones completas de músicos y espectadores. Sobre el escenario, la oscuridad de su propuesta encontró un espacio natural en una jornada que progresivamente se internaría en los terrenos más extremos del metal.

Un show cargado de crítica social y los sonidos melodiosos y oscuros de David Rivera en el violín eléctrico y la voz principal, Luis F. García en teclados y coros, Julián Rivera en el bajo, Andrés Giraldo en la batería y Nataly Ossman en las voces líricas, quienes llevaron al público en un recorrido por la violenta historia del país a ritmo de metal gótico y sinfónico, con una puesta en escena teatral , evocadora y provocativa.

Pero quizá lo más significativo ocurrió fuera del escenario. A las 5:30 de la tarde, mientras en la Plaza comenzaba a avanzar la programación del metal, Tenebrarum se encontró con Reencarnación en la Carpa de Experiencias para conversar sobre la historia del metal. Dos nombres de Medellín, dos recorridos fundamentales y una misma historia que todavía tiene mucho por contar.


REENCARNACIÓN: VOLVER PARA RECORDAR EL ORIGEN

Después de Tenebrarum, el escenario Plaza recibió a Reencarnación. La aparición de la agrupación paisa terminó de convertir aquella franja de la tarde en una suerte de cápsula temporal del metal colombiano. Si Tenebrarum representa una trayectoria de décadas de exploración y evolución dentro de la música extrema, Reencarnación trae consigo una parte fundamental de los orígenes del metal extremo en Colombia.

No era, entonces, una simple sucesión de bandas. Era memoria. Era la posibilidad de que quienes llegaron al parque con camisetas de bandas internacionales descubrieran que muchas de las historias que hoy parecen lejanas comenzaron a escribirse aquí mismo, en ciudades como Medellín, Bogotá y Cali, cuando hacer metal significaba muchas veces enfrentarse a la precariedad, al desconocimiento y a la indiferencia.

Pioneros del sonido extremo en Medellín (conocido como ultrametal), liderados por su fundador Víctor Raúl Jaramillo, la banda se presentó en el festival bogotano para reafirmar la vigencia de su propuesta musical a pesar del tiempo, y de cargar en los hombros el peso de una escena cada vez más diversa. Por eso el encuentro entre Reencarnación y Tenebrarum en la programación alterna resultó tan pertinente. El festival no solamente los puso sobre un escenario: les abrió un espacio para hablar de aquello que ocurrió antes de que el metal colombiano tuviera un lugar asegurado en los grandes festivales.


SIN PUDOR: PUNK PARA INCOMODAR

Y mientras en la Plaza se hablaba de memoria, en otro extremo del parque comenzaba otra historia. A las 4:55 de la tarde, el escenario Bio recibió a las integrantes de Sin Pudor: Jessica Morales en la voz, Paola Camelo en la guitarra, Yimark González en el bajo y Tatiana Rico en la batería. La banda distrital hacía parte de las veinte agrupaciones seleccionadas mediante la Beca Festival Rock al Parque 2025 – Bogotá Ciudad Creativa de la Música, y regresaba a Rock al Parque luego de su presentación en 2019.

Su inclusión en el cartel resulta significativa porque Rock al Parque no se sostiene únicamente sobre los nombres que ya tienen un lugar ganado en la historia. Una parte fundamental de su razón de ser consiste precisamente en abrirle espacio a quienes están construyendo el presente.Y el punk, cuando es verdaderamente punk, nunca ha sido una música demasiado cómoda.

Hay algo en su velocidad, en su actitud y en esa necesidad de decir las cosas sin demasiados adornos que sigue resultando incómodo en tiempos donde todo parece cuidadosamente empaquetado. Especialmente para esta banda, cuya propuesta combina elementos de punk y thrash, destacándose por un sonido pesado, una fuerte postura política y un enfoque feminista. Así, Sin Pudor llegó al Bio a ocupar ese lugar: el de una propuesta que no necesita pedir permiso para levantar la voz. Dos formas diferentes de resistencia separadas apenas por unos metros de parque.


POLIKARPA Y SUS VICIOSAS: TRES MUJERES, MUCHAS VOCES

Posteriormente, a las 5:50 pm, llegó uno de los momentos que, para quienes siguen la historia del punk colombiano, tenía un significado especial. Polikarpa y sus Viciosas en el escenario Bio.

Hablar de Polikarpa solamente como una banda punk sería insuficiente. Desde hace años, su música ha estado atravesada por una postura política y social que convierte cada presentación en algo más que un concierto. En 2018, Alter Vox Media ya había descrito a sus integrantes como un referente del punk colombiano y había profundizado en esa relación entre música, feminismo y crítica social que ha acompañado buena parte de su trayectoria. En Rock al Parque 2025 esa historia volvió a encontrarse con una multitud.

Y es que hay algo particularmente poderoso en ver a Polikarpa en un festival de estas dimensiones: sus canciones no parecen pedirle al público que simplemente escuche. Lo invitan a tomar posición. Su punk está atravesado por la rabia, pero también por el humor; por la denuncia, pero también por la celebración de la diferencia. Es una música que entiende que gritar no necesariamente significa dejar de pensar.

Las Polikarpas han hecho de esa contradicción una de sus mayores fortalezas. Tres mujeres sobre un escenario pueden convertirse en muchas voces cuando detrás de las canciones existe una historia que habla de mujeres silenciadas, de violencia, de desigualdad, de cuerpos cuestionados y de una sociedad que todavía pretende decidir cómo deben comportarse quienes no encajan en sus moldes. Por eso su presentación en Rock al Parque no puede entenderse únicamente desde la nostalgia.

Polikarpa no fue al festival a convertirse en una pieza de museo. Fue a tocar. Allí su importancia y su vigencia.


EL ARTE DE ENCONTRARSE UNO MISMO AL PERDERSE TAMBIÉN

Y Mientras Polikarpa y sus Viciosas cerraban su presentación, la programación del festival continuaba avanzando. En el Escenario Plaza, Hirax, Devasted, Belphegor, Somberspawn y Dismember llevarían progresivamente la jornada hacia terrenos cada vez más extremos. En el Escenario Bio, después de Polikarpa, llegarían Parabellum y A.N.I.M.A.L.; y en el Escenario Eco, Cemican, Keep The Rage y Black Pantera completarían otra ruta musical.

Era imposible estar en todas partes. Pero, tal vez, no era necesario. Rock al Parque siempre ha sido, en buena medida, el arte de perderse. Perderse entre escenarios, entre generaciones, entre géneros, entre canciones. Encontrar una banda que no conocíamos. Llegar tarde a otra que queríamos ver. Conversar con alguien que acabamos de conocer porque lleva puesta una camiseta de la misma banda. Caminar durante veinte minutos para descubrir que el concierto que buscábamos estaba en la tarima contraria. Y en medio de todo eso, comprender que el festival no es una sola cosa.

El sábado 21 de junio lo dejó particularmente claro. Tenebrarum y Reencarnación recordaron que el metal colombiano tiene memoria. Sin Pudor mostró que el punk distrital continúa buscando nuevas formas de incomodar. Polikarpa y sus Viciosas volvieron a demostrar que la música también puede convertirse en una herramienta de cuestionamiento y resistencia. Y detrás de ellos, una nueva generación de bandas continúa llegando.


EL RUIDO QUE PERMANECE

Cae la noche sobre el Simón Bolívar y las luces de los escenarios parecen hacer mucho más grande el parque. El público se dispersa y se concentra al mismo tiempo. Algunos corren hacia Plaza; otros permanecen frente a Bio. Hay quienes ya llevan varias horas allí y quienes apenas comienzan su jornada. El sábado de Rock al Parque 2025 fue, precisamente, una suma de historias. No fue solamente el día del metal extremo, ni el día del punk, ni el día de las bandas históricas. Fue un encuentro entre quienes estuvieron antes y quienes están llegando ahora.

Porque un festival como Rock al Parque solamente puede mantenerse vivo cuando la memoria no se convierte en nostalgia y cuando el presente todavía tiene algo que decir. Tenebrarum y Reencarnación trajeron consigo el peso de una historia que no debería olvidarse. Sin Pudor puso sobre la mesa la urgencia de una escena que sigue creciendo desde Bogotá. Y Polikarpa y sus Viciosas recordó, una vez más, que el punk puede ser música, pero también puede ser pregunta, denuncia, ironía y resistencia. Quizá por eso, cuando finalmente se apagan las luces y comienza a vaciarse el parque, el silencio no llega del todo. Algo permanece.

Un riff que todavía resuena en la cabeza. Una frase que incomoda. Una canción que alguien descubre por primera vez. Una camiseta negra que seguirá caminando por Bogotá al día siguiente. Y esa es, quizás, la verdadera memoria de Rock al Parque: el ruido que permanece incluso cuando el festival ya terminó.

No olvides seguirnos en las redes sociales como @altervoxmedia Déjanos tu opinión sobre esta y otras notas en la sección de Comentarios, o en la sección de Contacto, y #PasaLaVoz

Avatar de altervoxmedia

altervoxmedia Ver todo

Alter Vox Media S.A.S (NIT: 901019145-1) es una plataforma digital, enfocada en impulsar la escena artística y cultural de la región desde diferentes disciplinas.

Deja un comentario