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LA VIDA, LA MUERTE Y EL ESTREMECIMIENTO DEL ALMA: UNA LECTURA DEL POEMA «LO CASI OLVIDADO», DE LA POETA COLOMBIANA VALENTINA ROJAS


Por Hamid Aqbi.
Imágenes cedidas por la poeta.

La poeta colombiana Valentina Rojas, nacida en 1998 en la ciudad de Envigado, pertenece a una nueva generación de poetas latinoamericanos, una generación que combina la sensibilidad poética con el trabajo cultural y educativo, abierta a los demás y a las nuevas experiencias, pero que al mismo tiempo vuelve a sus raíces y busca sus símbolos.

En cuanto a Valentina, es poeta, profesora y activista cultural; participa en festivales y encuentros poéticos tanto en Colombia como en el extranjero, y algunos de sus textos han sido traducidos a varios idiomas; además, ha publicado un libro bilingüe titulado «La desnudez de la sombra». Sin embargo, conocer a Valentina solo a través de su biografía no basta para comprender la naturaleza de su experiencia poética, ya que algunos textos abren una ventana más profunda a su autora que las propias biografías, y esto es lo que encontramos en su poema «Lo casi olvidado».

Este poema narra con profundidad y sinceridad una experiencia humana de extrema crueldad. La poeta sufrió una aneurisma cerebral que le provocó una hemorragia grave, tras lo cual se sometió a complejas intervenciones quirúrgicas en las que se utilizaron grapas de titanio para reparar la arteria; posteriormente, sufrió otras complicaciones de salud que requirieron la implantación de una prótesis en el cráneo. A pesar de que sigue bajo seguimiento médico, vuelve a su vida y a su creación con una conciencia diferente del tiempo, el cuerpo y la fragilidad humana, que se plasma en bellas imágenes y se entrelaza con los poemas y los ritmos de la vida y el amor.

Esta experiencia aparece en el poema como material narrativo directo. No encontramos descripciones de hospitales, operaciones o dolor físico. La poeta no narra lo que ocurrió, sino que reflexiona sobre lo que quedó después de que sucediera. Y ahí radica uno de los puntos fuertes de este texto: el acontecimiento personal se transforma en una reflexión humana más amplia en la que cualquier lector del universo puede reconocerse.

El poema comienza con una invitación tranquila: «Cierra los ojos y da la espalda a la puerta estrecha». Desde los primeros versos, tenemos la sensación de que se trata más de un diálogo interior que de un discurso dirigido a otra persona. Reflexionamos y descubrimos que este poema está escrito en segunda persona, pero ese interlocutor parece más cercano al yo que al resto del cuerpo, el alma y la vida. Es como si la poeta se encontrara frente a su imagen tras la experiencia e intentara hablarle con un lenguaje más tranquilo y conciliador.

Desde el punto de vista técnico, el texto se basa en la economía lingüística y en el alejamiento de los adornos artificiales. Las frases son breves y las imágenes, a pesar de su escaso número, son conmovedoras. Tenemos la impresión de que la poeta no ha buscado deslumbrarnos con una serie de metáforas y símbolos complejos, sino que ha dejado que cada imagen crezca con tranquilidad dentro del texto.

Por ejemplo, la imagen de «la puerta estrecha», o la del « Villano y su confesión en un muelle inexistente», o la de «la pérdida adherida a sus raíces». Todas ellas son imágenes que abren la puerta a la interpretación sin imponer una lectura única.

Y es hermoso que el poema no trate la pérdida como un acontecimiento que ha terminado y se ha convertido en pasado; el texto dibuja con delicadeza una situación continua y compleja.

La poeta dice: «¡Qué pérdida tan enmascarada, adherida a sus raíces!». Aquí no parece que esta pérdida signifique algo externo.

Además, el texto evita casi por completo la dicotomía entre la victoria y la derrota. El poema no es una celebración de la supervivencia, ni un lamento por el dolor. Tenemos la sensación de que se mueve en un terreno intermedio más complejo. Hay un reconocimiento de la debilidad y el dolor, pero sin rendirse, sin orgullo y sin exageraciones. Y hay esperanza, pero aquí no se presenta como un eslogan o una promesa fácil. Por eso, el final del poema parece uno de sus pasajes más logrados, cuando describe la esperanza como «un beso que ignoras, un beso que esquivas en la calle, pero que al final te alcanza».

Esta última imagen parece resumir la visión de todo el texto. La esperanza aquí no es una decisión voluntaria que toma el ser humano ni algo que se le concede, sino que se asemeja más a una fuerza oculta que sigue actuando incluso cuando no le prestamos atención. Y quizá por eso el poema resulta tan tranquilo; porque no intenta convencer al lector de la esperanza, sino que le deja descubrirla por sí mismo.

Y es importante que reflexionemos también sobre la presencia de palabras como la delicadeza, la fidelidad y la verdad. Tras acercarse a la experiencia de la muerte, la poeta no se preocupa por el heroísmo, el desafío o la victoria sobre el destino; lo más importante es que se ha centrado en cosas más sencillas y humanas. Es como si la experiencia hubiera reordenado sus prioridades y le hubiera hecho ver el valor de los pequeños detalles que dan a la vida su verdadero sentido.

Desde nuestro punto de vista, Valentina Rojas no ofrece en «Lo casi olvidado» ni un manifiesto filosófico ni una confesión personal completa. Presenta un texto que reflexiona sobre lo que queda en el ser humano después de atravesar la zona del miedo, la debilidad y la supervivencia. Por eso, este poema se asemeja más a un susurro interior de tono elevado.

Se podría decir, pues, que la belleza del texto no reside únicamente en la singularidad de su tema —la literatura universal está repleta de poemas escritos tras una enfermedad o una experiencia cercana a la muerte—, sino en la forma en que aborda dicha experiencia. La poeta no buscó el impacto emocional inmediato, ni crear un drama o una tragedia triste, sino quizá un grado de serenidad que le permitiera contemplar la experiencia desde dentro.

Por eso el poema deja su huella con serenidad. No le grita al lector, ni le pide compasión, llantos ni aplausos, sino que lo invita a la reflexión. Y a través de esta reflexión, Valentina Rojas logra transformar una experiencia personal muy íntima en un texto humano abierto a las preguntas de la vida, la enfermedad, la memoria y la esperanza. Es un poema que nos recuerda que algunas experiencias no solo cambian nuestros cuerpos, sino que también pueden cambiar la forma en que miramos el mundo, a nosotros mismos y el sentido que le damos a la vida.


Lo casi olvidado

Cierra los ojos, da la espalda
a la puerta estrecha
donde arde tu cabeza

sigue fértil la ternura
en tu nombre desgarrado
aprendiste alimentarte
de lo inmutable
a abrazar ese pedazo
de verdad

no existe el despojo (despojarse)
por más tenaz que sea
el verbo
el paso en falso
algo de lealtad aguarda
el villano
su confesión en el muelle inexistente
cuán enmascarada está la pérdida
adherida a su raíz

La esperanza es una
marcha
el beso que ignoras
el que esquivas en la calle
pero al final, te alcanza.

Valentina Rojas


Hamid Oqabi es un escritor, poeta, crítico literario, artista visual y director de cine y teatro nacido en Yemen y radicado en Francia. Ha desarrollado una trayectoria interdisciplinaria que integra literatura, artes visuales, cine y gestión cultural. Es fundador del Arab-European Forum for Cinema and Theatre, plataforma dedicada al diálogo cultural entre creadores árabes y europeos. Ha publicado numerosos libros de poesía, narrativa y crítica literaria, además de realizar películas y exposiciones artísticas. Su trabajo se centra en temas como la memoria, el exilio, la identidad, la migración y el poder transformador del arte.


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