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ANTOLOGÍA: ANDRÉS RESTREPO GÓMEZ

ANDRÉS RESTREPO GÓMEZ. Realizador audiovisual, guionista y poeta. Nació en Medellín, Colombia, en 1996. Allí realizó un año de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales en la Universidad de Medellín. Reside en Buenos Aires desde el 2016, donde se egresó de la Escuela Profesional de Cine de Eliseo Subiela. Actualmente estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires). Es además profesor adjunto de la cátedra de Guion I y II de la facultad donde egresó. Dirigió los cortometrajes, “Muerte, no seas mujer” (2018), “El corazón es la cuarta pared” (2019) y “Muhamab el zurdo” (2020), con los que participó en diversos festivales internacionales. En el 2020 resultó finalista del 38° Premio Nacional de Literatura, modalidad dramaturgia o guion, de la Universidad de Antioquia, con su guión de largometraje “Ir por ahí”. Ese mismo año publicó su primer libro de poemas, “La bohemia que pagaron mis padres”, con Vásquez Editores. En el 2021 resultó ganador del I Certamen Nacional de Poesía Basura John Gómez 2021.


El ano de mi novia
(Ganador del I Certamen Nacional de Poesía Basura John Gómez 2021)

El ano de mi novia se expande como el cosmos.
Se abre pero presiona, me contiene y destierra.
Pone las reglas de un juego que ella decide
empapado o árido.

El ano de mi novia busca, como una margarita, el sol.
Enraizada en las rodillas
su culo se deshoja en dos y su interior florece
tan tórrido
que me abismaría al instante
a la locura
de no avistar sobre sus vértebras, el horizonte.

El ano de mi novia es autónomo en sus fluidos.
Mas sabe del mar
de duchas
de babas
de lubricantes acaramelados
transpiración y sangre menstrual.

El ano de mi novia puede succionar la melancolía más sepia.
Puede apresar todos mis huesos
hasta el colmo de la libertad.

El ano de mi novia es la extensión de mi lengua
y el principio de su agonía.
Mi agonía es el final de la suya
es el principio de un yacimiento petrolífero.

El ano de mi novia es un búnker para la guerra atómica.

El ano de mi novia anula la resaca
restituye toda flora extinta, le extirpa al tedio
su apéndice insoportable.

El ano de mi novia repunta la curva de la dicha.
De un sobrio pedo
desploma Wall Street y devalúa al dólar.

El ano de mi novia es barroco y minimalista.
De lejos un punto del puntillismo.
Cercano, un atelier
terrible,
huracanado, irrevocable y hondo
como una sobredosis de óleo.

El ano de mi novia
descifró la Esfinge
hospedó a Sísifo
y sobornó a Caronte.

El ano de mi novia se salvó
del incendio en Sodoma.
Lo apagó.

El ano de mi novia me desanuda los sesos.
Amansa y amasa
mil caballos de plastilina.

El ano de mi novia orbita sobre sí mismo
y mi verga al rededor suyo.
Su lado oscuro encandila mi vientre.
En reposo
es apenas trémulo
pero erguido y ancho
dilatado.
El ano de mi novia, el culo de mi novia, la vulva de mi novia, el vientre de mi novia,
los muslos de mi novia, los vellos de mi novia, las tetas de mi novia, los huesos de mi novia, el alma de mi novia, las cenizas de mi novia y mi novia
y yo,
que a esta altura me fundo también
en su metalurgia sacra.
El ano de mi novia que es, en fin, el mundo, lo juro
trepida atávico
antediluviano
tectónico
como cuando Dios, si existe, soñó por primera vez volcanes.


Consentido

Sentido es de esos gatos
resbaladizos.

De los que te besan la mano arañada
y seducen un suicidio
en balcón nuevo.

Lo encontré un domingo en San Telmo.
Lo amarré a mi pecho
y le di chocolate.

Al lunes lo espantó el despertador.

Sentido me ronronea proyectos.
Tensa el arco
contra mi vientre entusiasta
y lo suelta apenas ve una paloma cagando.

Se va, quién sabe, a maullar al prójimo.
Dos, tres días,
las siete vidas a veces.

Cuando regresa
está empapado o recién pintado.

Lo he visto
borroso y violáceo,
pasearse tejados
mientras calcina el gin.
O si eventual bombacha
es barómetro de dicha.

Pero su arena es espesa y es fétida
y se acumula.
Sentido lo sabe.

Por eso huye siempre, indiferente,
a la fogata gélida
tras morfarse mis insípidos
estudiantiles
fideos con atún.


Telegrama del gusano

Dicen que de mí
murió primero la vergüenza
y cualquier verdad que quiso ser dogma.
Que de aquellas sirvieron más sus restos
pues me abonaron desvarío. 

Soy apenas una esponja, que descosida,
contuvo y expulsó con igual brío
todas las angustias y todos los júbilos
del estornudo temporal que cayó XXI,
al sur.

Atraviésame el pecho, minutero goloso,
y colecciona de mis pupilas fotogramas.
Pido perdón y salud
por los excesos que no he cometido.

¿Qué aventuras les susurrarán
los carroñeros a mi calavera?

Sólo deseo más tiempo para acabar de contar
a los bebés bostezando, los ancianos cebando mate
y los senitos asoleados del Parque Centenario.

Salto del yoga al clown.
De cada café
me llevé una servilleta,
oriné en todos los bares.

Degusto cada arista
del pensamiento humano.
Quisiera libertad suficiente
para salir de una corrida de toros
a una marcha anti-taurina.

Seré un cínico, lo sé.
Pero uno enamorado
de cada realidad, de su fragilidad inevitable.

Me pregunto si quien mastica ahora mis carnes
tendrá siquiera idea de cómo amé
hasta la podredumbre.

Se consumió completo, comenta la hambrienta lombriz
que entre mis costillas sólo encontró una estela.

Búsquense otro muerto, les injurio en silencio,
Uno que se haya llevado consigo algo,
que se haya guardado para algún más allá.

A mí sólo me quedan memorias
y todos sabemos que eso indigesta a cualquier animal.


La divinidad de cualquiera

Si bien, bien ateo,
defiendo como un cruzado
la fe de mi madre.

Su energía es más grande que su Dios.
Pero ella no lo sabe.

Así como Antínoo
no sabía
que Adriano le haría templos
y fundaría en su nombre
ciudades.

Así como le rezo
a mi perro muerto
y me encomiendo a César Vallejo,

no es exagerada
la divinidad de cualquiera.

Apenas con desearlo
podríamos canonizarlo
todo.

Soldar talismanes
de curitas,
escribir
mitologías diarias

cincelar en piedra caliza
incluso nuestro primer beso
jugando a la botellita.

Tomado de La bohemia que pagaron mis padres (2020), Vásquez Editores.
Puedes comprar el libro entrando aquí.

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