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AMALGAMA EN OPUS 27

Por Paula Corzo.

Fotografías de Alter Vox Media.

El pasado 3 de febrero, Opus Veintisiete (ese acogedor café-bar que nos abre sus puertas a la comunidad universitaria, ansiosa de espacios y proyectos alternativos), nos complació con el toque de una banda que empieza a surgir cada vez más entre los focos del talento local. Y no es de para menos con estas dos talentosas chicas y sus tres mosqueteros musicales.

Fue así como Amalgama prendió la velada del viernes, con algo muy alejado del ruido tóxico y atezado que muchas veces se puede esperar de este tipo de noches. Nos otorgaron, en cambio, un contraste sublime entre la rasposa pero dulce voz de Rafaela Camargo, con su suave personalidad en escena, y los sonidos versátiles que viajan desde el jazz, el bossa nova y el rock, hasta un blues sensual. En palabras de la vocalista, “lo que surja o nos descubra”.

“‘Volar’, dedicada especialmente a todos los que gustamos de hacerlo y quienes respondimos con chiflidos a la broma.”

“Tiempo” fue la encargada de abrir el repertorio, con un solo de saxo de Ana Maria Moreno Naranjo, sensual y un tanto melancólico, como el trasfondo de la letra. Le siguió “Volar”, dedicada especialmente a todos los que gustamos de hacerlo y quienes respondimos con chiflidos a la broma, y al espléndido riff de guitarra magreada por Jhon Anderson Acevedo. Luego, el público se dejó atrapar por “Piel”, con su toque bossa nova y la guitarra en manos del maestro, que reluciendo las cuerdas de la blanca y negra, hizo brillar la lujuriosa tonada.

Para sorprendernos gratamente, en medio de “Una carta” (canción oscura, llamado de una amante a su loco amor), Rafaela nos confirió una entrega de su talento con las cuerdas de su violín, llenando al público con vibraciones estimulantes y su flamante presencia; tan íntimamente como solo un toque así, en un lugar como Opus, podría ser. “Tregua”, canción suave y sutil, evocó un acuerdo entre un par de amantes, acerca de avanzar a una discusión y poder llegar al punto de equilibrio en el cual poder dar rienda suelta a emociones intensas y manifestaciones menos destructivas. “Veneno” rompió con el hilo romántico de la velada, vistiéndola de rock, adornándola incluso con un tono de voz más fuerte: todo un ultimátum cargado de contrastes. Preparando su despedida, la banda interpretó para nosotros “Pasión”, anunciada como la composición más antigua del grupo, y develando ante nuestros oídos toda una apología a un sentimiento delicioso y corrosivo, que vuelve a lo que era antes de oxidarse tras el calor, la humedad y el fulgor.

“A todas las féminas que nos rendimos al frío y la luna, a la calle, a las artes, a la amistad y a lo que sea que nos logre sacar una sonrisa.”

No se fueron aún sino que continuaron con “Pertenezco a la noche”, canción que podemos encontrar en el Disco de mil cosas, producido por manos bumanguesas, dedicada a todas las féminas que nos rendimos al frío y la luna, a la calle, a las artes, a la amistad y a lo que sea que nos logre sacar una sonrisa.

La última entrega de esta cautivadora banda fue “Flor sin vida”, y la dedicatoria, por parte de la vocalista, a dos amigas especiales que se encontraban presentes, nos hizo sentir finalmente como en un círculo de amigos: una preciosa función llena de buena energía ante unos espectadores que se hicieron sentir siempre con aplausos tras cada interpretación.

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