ANTOLOGÍA: DIANA PIZARRO

DIANA ISABEL PIZARRO CANO (Medellín, Colombia, 1981). Define su poesía como una expresión de lo que ocurre dentro de un alma femenina que intenta habitar conscientemente su destino.
Ha publicado los libros Ojos de gata (2016), Trashumante (2018) y Sombra y Lucernario (2025) y sus textos acompañan la obra para guitarra clásica Raíces publicada por el maestro José Gabriel Rivas Lopera, en 2015.
Obtuvo el primer lugar en el Premio Nacional de Poesía José Santos Soto en 2025. Recibió mención de honor del Festival Internacional de Poesía de Medellín, dentro del I Concurso de Poesía Joven de la Ciudad de Medellín en 2011, así como en el Concurso Nacional “Este verso es un país que sueña” de la Casa de Poesía Silva en 2025. Participó como poeta invitada en el XXII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, llevado a cabo en Oaxaca, México en 2014 y en la versión XXV del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2015 y uno de sus poemas será parte de la publicación de Poetas Antioqueños de Comfenalco (2026).
Sus poemas han formado parte de varias antologías, revistas, podcast, programas radiales, presentaciones y tertulias del mundo literario de Colombia, México, Chile y Brasil desde 2002.
NOS LLAMARÁN MALDITOS
¿Dónde estabas Quirón
mientras ardía la casa de mi padre?
Una saeta infame
hirió también el cielo del levante
desterrando el olivo milenario.
No encontré a mis hermanos
entre el humo y la piedra.
No encontré los emplastos de futuro
con los que les curaste el pecho desollado
para fabricar lámparas.
En cambio, los vi echando por tierra
el pacto de la alianza y todos los arcoíris
para fundar la sierpe del infierno.
Desde ahora
nos llamarán malditos todas las generaciones.
A ti por la huida cobarde y a mí por el silencio.
La llama prometeica
no ha sido más que un mito incinerado.
UN PAPIRO MANCHADO
El ave de la memoria abrió las alas.
Arriba, la tinta y la superficie ineludibles;
abajo, un pie descalzo
signando la humedad de la hojarasca.
Nada, desde entonces, hubo de detenerse.
Erguido sobre la estepa y mirándose las manos,
se supo el hombre nido y horizonte,
tambor de la palabra y telar de los caminos.
Un papiro manchado
(que tanto pudo ser un libro como un mapa)
se convirtió en el eje sobre el que gira el mundo.
Nunca más el hombre estuvo solo
y nunca más su paso fue olvidado.
ESTE VERSO ES UN PÁJARO
Este verso
es el árbol que acuna
al niño que se frota de los ojos
la mañana obstinada.
Un pie pequeño y terso
como la flor de mayo
ha echado a andar el mundo.
Otra vez la manigua y la montaña.
Otra vez el murmullo
del tiempo en una playa.
Alguien habrá
de recoger sus huellas
en la iraca trenzada
de estallido y saeta.
Alguien habrá
de nombrarle una patria
casi destartalada.
Y ese niño de lluvia,
de llano y de esmeralda
amasará su miedo
para moldear un pájaro.
Este verso es un pájaro
de las manos de un niño
que despierta en su patria.
ENEAGRAMA
Uno a veces se olvida de su niñez de pájaro
y se lanza al vacío del hecho de existir,
a los días soleados, imperdibles y célebres,
con el paracaídas cerrado de la culpa.
Uno a veces enjuicia la fe de la libélula,
la terquedad del sauco, la gracia del guadual,
y no abraza el espejo por presentir el vértigo,
por miedo a que se rompa de ser tan uno mismo.
Uno a veces se vuelve de algún material pétreo,
tan frío y afilado, tan templado y rotundo
que entonces la ternura le parece foránea
porque uno se apabulla al presentirle el fuego.
Pero también a veces uno se siente mágico,
y se ensucia las manos con la primera arcilla
y se sienta en el torno para moldear el ánfora
que albergará los huesos del que uno ya no es.
NACIDO NUBE
La ventana entreabierta es una grieta
al día en que la lluvia gorgotea,
palomas en el pelo y tinta negra
para un café que aguarda y un poema.
El olor del jazmín es mensajero
de lo que anoche susurrara el sueño,
sueño que el café aclara, justo a tiempo
para contarle al tiempo un cuento nuevo.
Sólo con la palabra entre las manos
me lanzo al día a golpe de teclado.
Por Rocinante: fe, café por Sancho,
la vida al lomo de estos versos pardos.
Respiro los lugares en que anduve
para que el martes no se me haga un lunes,
para que el humo de esta taza cure
el tedio de no haber nacido nube.
INVENTARIO PARA CUALQUIERA DE MIS MUERTES
Si el tiempo de la siega me sorprende
con cordeles de duda en los portales
reclamo como míos por sagrados
los azules zaguanes del insomnio,
el fruto que sucede al azahar
y el olor de la tierra labrantía.
Si me encuentra dormida la vendimia
sépase que soy dueña de la herida
y que es mía también la cicatriz.
No es necesario entonces despertarme.
Ya encontrará mi sangre sus caminos
y entre el viento y mi voz, una palabra.
Si a la zafra no llego por mis pasos
o si elegí las viejas cerraduras,
ha de ser por un pájaro o un poema
que son míos también, sin documentos,
como es mío el muchacho que parí
y los ojos de hombre que me inventa.
Relaciono mis bienes, no por miedo,
es la vieja costumbre de escritorio,
de creer que es preciso enumerarlos.
En realidad, intento que interesen
a quien pueda cuidarlos como suyos.
A dónde voy, me son innecesarios.
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