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ANTOLOGÍA: ARMANDO MADIEDO

ARMANDO MADIEDO SUÁREZ (Barranquilla, Colombia, 10 de diciembre de 1985) es poeta, escritor, docente de primaria, promotor de lectura y gestor cultural. Egresado de la Escuela Normal Superior La Hacienda de Barranquilla. Su pasión por la literatura nació en la infancia, con la biblioteca como refugio. Influenciado por José Asunción Silva, comenzó a escribir poesía a los 18 años. Como gestor cultural, cofundó la Fundación Nuevas Letras y el Festival Nuevas Letras en Barranquilla. Desde 2012 organiza recitales, eventos literarios y actividades de promoción de lectura, impulsando voces emergentes locales, aunque su actividad pública reciente ha disminuido. Su poesía alterna verso libre y prosa poética, centrada en nostalgia, en lo social y en emociones cotidianas, con metáforas precisas, ironía sutil y un erotismo velado en un tono melancólico.

Ganador de la Beca Distrital de Poesía «Nuevos Creadores» de la Alcaldía de Barranquilla en tres ocasiones: Llegué tarde a todo (2017), Cassette para el olvido (2019) y Herbario íntimo (2021). Ha sido incluido en antologías como Libro Colectivo Poético MaríaMulata (Tomo V, 2015), Antología Poetas Bajo Palabra (2016), Taller literario Ojo de Agua (2016), Nuevas Letras, Memorias – Antología I (2016) y Antología 2021, Poetas Bajo Palabra en el Caribe colombiano. Sus textos aparecen en las revistas Maríamulata, Nexo, Viacuarenta, La Raíz Invertida, Read Carpet Revue y La Poesía del Prójimo (hasta 2023).


Myosotis sylvatica

(Herbario íntimo, 2021)

Me hallé frente a esta página en blanco 
en busca del misterio y la palabra; 
en las manos: una brújula o prólogo 
para darle dirección a la poesía. 
Recuerdo nombres, fracasos y miserias, 
y todo se vuelve hoja en blanco, neblina. 
Avanzo hacia la muerte y discuto 
cuál sería la mejor forma de hacerlo. 
Yo escojo una metáfora: morir de hambre; 
atiborrado de urgencias, de cólera
y de querer hundirme con el barco. 
Estas páginas flotarán en el mar, 
empujadas por el río de carencias 
que nos favorece esta vida pobre. 
Quisiera repartir todas las culpas, 
pero temo perderme en esta jungla 
de los que escriben en contra del estado 
y despiertan llenos de nomeolvides.

(Herbario íntimo, 2021)


Papaver

Desde este balcón desvencijado 
veo los buques que hieren el Magdalena, 
magnos monstruos que abren las venas del agua, 
y en el dulce mar adentro las desangran. 
Vienen cargados de ron contrabandeado 
que nos mantienen felices 
cuando pagamos impuestos. 
En las noches llenas de todas brisas 
se oyen balas a lo lejos, no del mar 
es un grito que hace eco en las montañas, 
mientras niños danzan entre amapolas 
y las lucecitas escapan del monte. 
Todos bailan en medio de la agonía, 
la pantalla de humo crece estrepitosa 
y se enciende la ciudad y los pick up, 
también los moteles y las casetas. 
Todos avanzan prontos a la hoguera, 
a estos días implacables 
donde la música cruje más alto que el fuego, 
y las verdaderas bestias se ríen 
y desangran el vientre de los pobres 
mientras gozan de nuestra miseria.

(Herbario íntimo, 2021)


CASSETTE

(Cassette para el olvido, 2019)

Ser un señuelo, esa era la ceremonia diaria de abrazar uno a uno los preceptos que jamás pude aceptar del Lado A. Todo por un pliego de espejismos que éramos y seguimos siendo (para el mundo) y no esta cara ruin, el rostro de la bestia, la que jamás hubiese permitido tanta necedad.

Fue ineludible refugiarnos en las terrazas oscuras, fingir la búsqueda de las estrellas que acariciaba y fue ineludible desafinar una a una esas posibilidades en las tetas del Lado B.

Con el Lado B cualquier rincón era preciso para engañarnos, contarnos esa pesadilla del ladrillo de Cortázar y esas ilusiones frívolas que me guardaba para el Lado A. El Lado B dejaba caer la ceniza del cigarro entre nosotros y era lo que sobraba de cada día, lo que no podíamos soñar.

En el Lado A se terminaron acumulando las mentiras y se quebraron como rama hueca. La cinta frágil que habíamos mal grabado se marchitó ese día en que nos besamos todo eso que no habíamos sido, y no volvió a sonar. Esa noche el lado B sonó para mí, una y otra vez. Rebobinábamos a mano, como debe ser.

(Cassette para el olvido, 2019)


LA COLECCIONISTA

Le gustaba coleccionar recuerdos en cajas de zapatos.  Tenía un guardarropa lleno y cuando necesitaba uno, lo buscaba en una de ellas como si se tratara de un libro en una biblioteca. Aquel día la encontré derramada sobre papeles, envoltorios de dulces y la eterna tira del supermercado (con puntos y promociones), pretendiendo armar un rompecabezas palabra a palabra. Esa noche ordenó una vida en cajas marcadas por fechas, besos y nombres que no quise preguntar. Contemplaba con ternura de niño, cada colilla, botella vacía y tarjeta de motel. Me busqué en cada despojo y fue infecundo, vago, triste.

Desde ese día, me resultaba inquieta e insoportable como su cabello. Quizás solo era una caricatura, una foto movida, el garabato de un niño en su diccionario de cajas viejas.

Con el tiempo aprendí a reconocer los trofeos que atesoraba y siempre traté de hallarme entre la bolsita del té, el separador de la biblioteca, el folleto de los testigos de jehová.

El último día, se llevó un beso de despedida, no sé si pudo guardarlo en una caja. Adquirí con el tiempo el arte de coleccionar recuerdos pero no logro atesorarlos en una caja de cigarros, en ninguno de mis cassettes.

(Cassette para el olvido, 2019)


XV

(Llegué tarde a todo, 2017)

Uno trata cada día de levantarse (temprano), 
de no romper records de velocidad, 
de evitar el memorándum, 
de no quedarse dormido en el bacín, 
uno de verdad pone esfuerzo 
en romper cadenas del sueño 
y llegar puntual, 
a la hora establecida del contrato. 
Ni el conductor, ni el tráfico ayudan, 
siempre es la tardanza, 
el inmenso afán 
mientras el reloj corre más rápido, 
uno trata y suplica a los dioses en los que nunca 
/ha creído 
y es que de verdad uno trata de no defraudar al mundo, 
pero siempre resulta más fácil. 
La necesidad persigue 
el hambre, las clases, la casa, 
el mundo orquesta un itinerario perverso 
y cerramos los ojos, 
nos tomamos la cabeza para no perderla 
y prendemos un cigarro para no encendernos la vida 
y uno trata de que no sean muchos. 
Y encuentra una boca y un cuerpo

y uno se deja arrastrar por el animal versado 
y come de la carne 
y bebe de la única copa de los dioses, 
de la verdadera. 
Y aparece a ojos cerrados, 
y uno trata, pero el olvido otorga su ausencia. 
Y uno trata… de verdad, 
pero fracasa.

(Llegué tarde a todo, 2017)


 X

Aunque fuiste la más puta 
deshilaché el cielo e hice una alfombra para tus pies 
después de todas las sequías que ya habías sembrado. 
Me dejaste el odio y las ganas servidos en el mismo beso 
y pude beberlo hasta el último labio. 
Mi fe la repartiste en otras bocas, 
domesticaste a la bestia 
y la dejaste perdida entre tus lunares. 
Te mofaste de la lujuria de todos 
por devorar lo que pesaba como piedra 
cuando cerrabas tus muslos.

(Llegué tarde a todo, 2017)

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