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HAY FESTIVAL 2025: ¿QUIÉNES HABLAN, QUIÉNES ESCUCHAN?

Ha pasado un par de semanas (¡qué semanas!) desde que se realizó en Cartagena de Indias uno de los festivales de literatura más importantes del país: el Hay Festival. Este evento anual, que convoca a «las grandes mentes de nuestra generación», reunió más de 190 participantes de 28 países para hablar de literatura, democracia y cultura.

Por Katherine Parrado Morales.
Fotografías de Katherine Parrado Morales.

No obstante, en estos tiempos de estrategias mediáticas para democratizar “el debate” y de Petrosplaining, los festivales de ideas y literatura en Colombia revelan cómo entendemos la cultura, cómo delegamos las conversaciones urgentes a los intelectuales, y quién tiene el poder de la palabra y la participación. Lo diremos así: en un país en el que la cultura es un commodity (producto)empaquetado en su formato predilecto: evento con boletería, el acceso se convierte en un filtro social. Las preguntas son inevitables: ¿Quién está realmente participando de las grandes discusiones culturales? ¿Quién habla y quién simplemente consume el discurso sin cuestionarlo?

20 años de preguntas

Este año, el Hay Festival cumplió su aniversario número veinte. La celebración, aunque modesta, concentró sus esfuerzos en consultar al público cuáles son las 20 preguntas clave para los tiempos actuales, que alimentarían las conversaciones de la programación general.  Sin embargo, esta versión generó otros cuestionamientos:

1. La mayoría de la programación ocurrió en los edificios emblemáticos de la ciudad amurallada, lo que genera una especie de aislamiento del festival de la Cartagena real, donde el [no] acceso no es solo físico, sino económico y simbólico.

Centro de Convenciones Julio Cesar Turbay Ayala, Cartagena.

2. Para eludir la centralización, el Hay Festival expandió su programación a las zonas periféricas de la ciudad, como El Pozón con la franja Hay Comunitario, ofreciendo 30 actividades gratuitas.

3. La entrada para cada conversación/charla costaba aproximadamente 40.000 COP. La boletería agotada para las conversaciones más taquilleras se convirtió en una oportunidad para los revendedores, que ofrecían las entradas al doble de precio.

Para explorar la brecha entre lo que es verdaderamente asequible y lo que solo pertenece a la audiencia que asistió al festival, hemos seleccionado 20 frases pronunciadas en las diferentes charlas del festival, en los pasillos del Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala y en las calles de la Cartagena histórica. Aunque es pretensioso y difícil ofrecer un panorama completo de lo que significa asistir al Hay Festival, navegar este evento a través de estas frases es un ejercicio localizado que proponemos a nuestros lectores, para que la conversación no pertenezca a pocos.  

Accesibilidad y participación: ¿qué tanto se amplía la conversación?

Empezamos con la charla Archivo y biblioteca, más que espacios para el conocimiento. Polly Russell (@the_history_cook), historiadora y curadora de la Biblioteca Británica, en conversación con Adriana Martínez, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, aseguró que acceder al conocimiento implica pertenecer a una comunidad, una conversación, o una infraestructura: “Access is belonging” (El acceso es pertenencia), dijo Russell. Pero ¿pertenecemos a las conversaciones o infraestructuras que generan conocimiento? Según la Encuesta de Consumo cultural (ECC) del Departamento Nacional de Estadística DANE, el 58% de personas mayores de 12 años visitan espacios culturales. Del 42% que no asiste, el 61% no le interesa o no le gusta.

Desde otra perspectiva, Gustavo Ulcué Campo, comunicador Indígena del Pueblo Nasa, Resguardo Indígena de Canoas (Cauca), planteó la tensión entre la memoria viva de pueblos originarios y la memoria occidental frente a la noción del archivo: “Necesitamos una política pública para convivir con el archivo”. No para usarlo, sino para convivir con él. Para las comunidades indígenas, el archivo los define: las historias de su pueblo, lo que cuentan a los niños, lo que ven en el paisaje, todo es parte de una memoria particular y común. Para preservarla, se debe establecer una política que fortalezca esa relación vital con la memoria.

La cuestión del archivo oscila entre el acceso y la necesidad de acercarnos a él de manera más cotidiana y colectiva. Como lo supone una de las preguntas del #Hay20Preguntas: ¿Estamos viviendo el fin de la narrativa única occidental?

Palacio de la Proclamación. Conversación Archivo y biblioteca, más que espacios para el conocimiento entre Gustavo Ulcué Campo, Polly Russell y Adriana Martínez.

El periodismo y la memoria: entre la complejidad y la justicia

El Hay Festival fue un escenario para discusiones agudas sobre el periodismo y su papel en la construcción de la memoria y otras narrativas. En la presentación del libro La llamada, la escritora y periodista Leila Guerriero nos dejó esta frase: “El rol del periodismo es pintar realidades más complejas para tratar de entender (…) con ojos de rayos X”.

Esta afirmación hace más potente la premisa de su libro, en el que presenta un perfil de Silvia Labayru, militante montonera, víctima de tortura y secuestro durante la dictadura militar argentina. Guerriero aboga por un periodismo que permita escanear realidades complejas para profundizar en ellas. Pero ¿es el periodismo suficiente para lograrlo? ¿Las audiencias lo están pidiendo?

En su defensa del ejercicio periodístico, Guerriero señaló: “Al periodismo no deberíamos exigir ni la heroicidad ni el martirio”. Los periodistas no pueden reemplazar al Estado para impartir justicia ni los lectores deberían exigir que sean héroes inmolados que reivindiquen a los protagonistas o exijan justicia. Sin embargo, en países como Colombia, donde el periodismo se ejerce bajo amenaza, ¿es posible evitar la exigencia del martirio?

Auditorio Getsemaní, Centro de Convenciones. Leila Guerriero y Ana Cristina Restrepo.

Un capítulo estelar: Salman Rushdie

En ese martirio también se revela el milagro. La noche del 31 de enero, en el auditorio Getsemaní del centro de Convenciones, el escritor Salman Rushdie apareció en el escenario con Juan Gabriel Vásquez, mientras los aplausos y las ovaciones del público los recibían. Son dos rockstars que no necesitan presentarse. El auditorio está a reventar. Rushdie deja que su entrevistador se acomode y empiece la conversación con una anécdota del caos que vivió justo antes de ingresar al auditorio: las entradas para esta conversación se agotaron en un parpadeo y los revendedores de boletas pululaban en la calle ofreciendo entradas en 90.000 pesos colombianos. Rushdie, apacible, cómodo en la silla, escucha atento la introducción que hace Vásquez, detrás de sus lentes, uno oscuro, otro transparente, observa al público, y empieza a explicar lo que le ocurrió en 2022 en una conferencia en Nueva York, cuando fue atacado por Hadi Matar, ciudadano estadounidense-libanés, quien lo apuñaló 12 veces. Rushdie remata el relato afirmando: “I don’t believe in miracles, but apparently I’m a miracle”. (No creo en milagros, pero aparentemente soy uno). Qué afirmación tan propia para un escritor irreverente, quien carga junto con su historia de supervivencia una fatwa (o decreto religioso) emitida desde 1989 por el entonces líder de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini pidiendo su asesinato. El auditorio murmura, algunos aplauden.   

Auditorio Getsemaní, Centro de convenciones. Salman Rushdie y Juan Gabriel Vásquez.

Rushdie habló con Vásquez de Cuchillo, su libro autobiográfico que lo enfrentó imaginariamente con A, como denomina a su atacante en el libro: «Nunca me convertí en un escritor que hablara de sí mismo. Eso es lo menos interesante que hay. Sin embargo, al final, me di cuenta de que no quería que nadie más contara mi historia. Luego de esto, no quiero escribir más de mí». La reflexión de Rushdie tocó el tema de la memoria, de cómo vivir entre el pasado y el ahora, pues eso fue lo que ocurrió al escribir su propio recuerdo del ataque. Esa materia le permitió abordar el suceso desde la literatura y señalar: “People now have no memory. They don’t remember the day before yesterday. That’s why people don’t do anything about it [] now.” (La gente ahora no tiene memoria. No recuerdan el día antes de ayer. Por eso la gente no hace nada al respecto ahora). 

Por tanto, hablar de la muerte o el final de una historia supuso para Rushdie un punto de quiebre para pensarla o incluso ficcionarla. “Esta es una historia sobre la belleza enfrentándose a la muerte”, dice Rushdie, y señala que los sentimientos más profundos y cercanos a un suceso como el que le ocurrió, la rabia o el miedo, no cabrían en su libro “porque ese sería el fin de mi vida como escritor”. No obstante, Rushdie, frente al fin, a la muerte, le deja la pregunta a Vásquez y al auditorio de aproximadamente 1.400 personas: “How do we deal with the end of the story if we don’t know where to end?” (¿cómo abordar el fin de una historia si no sabemos dónde va a acabar?)

Oír a Salman Rushdie, verlo tranquilo, escuchar su elocuencia y su sentido del humor, sentir la parsimonia de su opinión necesitó de una audiencia menos llena de aplausos y más cercana al conflicto o la carencia. ¿Quiénes eran esos 1.400 oyentes en el auditorio?  

Contar desde la ficción y la no ficción

El turno para discutir lo femenino desde la ficción y la no-ficción corrió por cuenta de Gloria Susana Esquivel, quien moderó la conversación Mujeres que toman las riendas con Txell Feixas (@txellfeixas) y Laura Ortiz Gómez (@laorquidea), aunque las preguntas relacionadas con el feminismo en el listado del #Hay20Preguntas estuvieron ausentes.

La periodista catalana Txell Feixas, ex-corresponsal en Beirut para la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y autora de Mujeres valientes (2021), conmueve al auditorio del Palacio de la Proclamación, con la convicción de quien conoció de primera mano las historias crudísimas de niñas, jóvenes y mujeres adultas musulmanas, con esta afirmación: “La esclavitud moderna se daba en una sociedad en la que las mujeres querían independizarse usando a sus esclavas domésticas.”  y se pregunta cómo es posible que en una sociedad musulmana en la que la mujer es oprimida, las mismas mujeres esclavicen a otras para obtener su independencia.   

Txell Feixas y Laura Ortiz, escritora y autora del libro Indócil, describen cómo entre la ficción y la no ficción existe la potencia para retratar la carencia. Txell vio en las historias de las trece mujeres que entrevistó un retrato de lo que no tienen: “[en mi trabajo descubrí] cómo es retratar la paz para los personajes cuando no existe para ellos.” La paz se dibujó en ellas en medio de una realidad cargada de supervivencia, deshumanización y abuso.

Palacio de la Proclamación, conversación Mujeres que toman las riendas con Txell Feixas, Laura Ortiz Gómez y Gloria Susana Esquivel.

Literatura, resistencia y memoria: el lenguaje como forma de lucha para reconocerse

No olvidemos que el Hay Festival es un evento de ideas que, a través de la visión de grandes voces de la literatura, se vuelven inspiración para el público. Un formato inspiracional puede contener tanto de crítica como de sátira, o un tinte más confesional, pero también requiere de un moderador que haga la tarea: charlar con su interlocutor. La conversación entre Piedad Bonnet y María Elvira Samper brilló por la fluidez entre ellas; hicieron del auditorio una gran cita para tomar tintico con la amiga que no ves hace mucho tiempo.

En esa familiaridad, Piedad regaló al público reflexiones personales sobre la maternidad, la soledad, la perdida y la escritura. Piedad confesó de su trayectoria que “Ser escritor es muy difícil y comienza por el miedo a uno mismo.” Para los que se enfrentan a este oficio, expresamente la poesía, es evidente que el ejercicio con el lenguaje implica mirarse a profundidad. Para los que no lo han experimentado, la escritura creativa requiere de intimidad para construir textos que el autor necesita sacar de sí mismo, es meramente una necesidad.

Por eso, el público se conectó con Piedad cuando confesó que “si [la escritura] fuera para complacer [a otros], escribiría muchos best-seller y sería rica.”  Las risas y los aplausos estallaron. Pareció que en el público muchos hubieran tenido el ideal de ser escritores orientados a las ventas y las utilidades. Pero lo que se leyó detrás de la ovación es el escepticismo frente a la poesía como un producto cultural que pueda venderse muy bien, o que lo diga Piedad quien recientemente ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, máxima distinción en español y portugués que destaca un aporte relevante al patrimonio cultural común de España e Iberoamérica.

En todo caso, cuando María Elvira le preguntó “¿Piedad, tú si has logrado desprenderte del pudor?” ella, después de dar toda una explicación sobre la desnudez en sus poemas, de que es necesario ser abiertos al cuerpo desnudo y sus deseos, respondió que “el pudor tiene que ver con la elegancia. A mí me parece eso. Tiene que ver con la estética, no con la moral.”, y el efecto en los espectadores fue inmediato: unos se acogieron y sonrieron al escucharla, otros tosieron (quien sabe si era la tos seca propia de la edad de la Generación Boomer que ocupaba casi el 70% del auditorio, o del calor del tema).

Auditorio Getsemaní, Centro de convenciones. Maria Elvira Samper y Piedad Bonnet.

Segundo capítulo estelar: Rivera Garza y Negroni hablan de creación y escritura 

Si algo hay que decir del Hay Festival es que las conversaciones llegan a un nivel de abstracción e intelectualidad que puede espantar o inspirar. Hablar de literatura no siempre es un asunto de hechos, datos o anécdotas. También la experiencia sensible de quien hace literatura aparece: “Tener presente la tradición para poder destruirlo todo.” es una frase ostentosa que escuchamos en la charla Creación, una de las más poderosas del festival.

María Negroni (@marianegroni1), poeta argentina, Cristina Rivera Garza (@cristinariveragarza), escritora mexicana ganadora del Premio Pulitzer en 2024, y Daniela Pabón (@danielapabon) filosofa y profesora de la Universidad del Norte, sostuvieron una charla afilada frente a la escritura como un campo que guarda la imposibilidad de decirlo todo en un texto y el conflicto con la palabra y el lenguaje. Para los interesados en la escritura y los procesos de creación, y para aquellos que depositan su esperanza en la literatura como salvación del género humano frente a las condiciones actuales, esta charla fue un espacio para complacerse con descripciones vitales de qué implica escribir.

María Negroni, con una sensibilidad por la palabra y una claridad arrolladora frente a las facultades expresivas de la poesía, dio catedra en el Salón Barahona del Centro de Convenciones, y propuso entender el proceso creativo de la escritura desde la imaginación, capacidad propia de los niños que se pierde con el tiempo: “La escritura tiene un elemento: el juego. Escribir es la continuación de la infancia por otros medios.”  Volver a la escritura es recuperar el juego, que es, en definitiva, la forma de retornar a la imaginación, a la infancia, al espacio de libertad. Esto no es menor si pensamos en que la escritura va perdiendo terreno en los espacios de formación como el colegio y la universidad, cada vez cuesta más como ejercicio intelectual y es automatizada con la rapidez efectista que ofrece la inteligencia artificial, por ejemplo. ¿Será necesario acercarnos al juego con las palabras, a crear y relacionarnos con la escritura? ¿Qué diría un niño que apenas está descubriendo la poesía o las canciones de rap?

Salón Barahona, Centro de Convenciones. Conversación Creación con Cristina Rivera Garza, María Negroni y Daniela Pabón.

El público del festival: entre élite y homogeneidad

El Hay Festival, como experiencia generacional, ofrece un ambiente particular en el que se encuentran hombres y mujeres entre los cuarenta y setenta y pico años, en conversaciones donde los invitados, con sus opiniones y reflexiones llenas de anécdotas y referencias culturales, construyen una camaradería de aplausos con la audiencia. La conversación entre Piedad Bonnet y María Elvira Samper nos ofreció un momento apoteósico de ese estilo para los boomers en la audiencia: “En mi casa teníamos una biblioteca modesta de un hombre de clase media suscriptor de la [Enciclopedia] Salvat”. Piedad relataba cómo había crecido ese gusto por las letras y su cercanía con la lectura. Al mencionar la biblioteca de su padre, el público entre sonrisas de complicidad y una conmoción moderada expresó la nostalgia de saber que crecieron modestamente como ella.   Otro momento para reconocer el público del Hay Festival fue el receso de aproximadamente una hora que había entre conversaciones (que es uno de los aciertos de la organización). Imagine, entonces, el tipo de personas que salían de los auditorios del Centro de Convenciones, entre las ganas de ir al baño y el éxtasis de haber escuchado «a las grandes mentes de nuestro tiempo”: muchas señoras con sus vestidos largos, estampados y veraniegos entre los colores cálidos y el blanco. En el baño una de ellas, retocando su labial frente al espejo y abanicándose, le dice agitada a su compañera: “¡Qué maratón! Si fuera la [maratón] de Miami, ya la hubiéramos ganado.”  Lo cierto es que la programación concentrada en cuatro auditorios del centro histórico de Cartagena obligaba al público a caminar casi siete u ocho cuadras para ir de un auditorio a otro. ¡Qué corre-corre

A la salida del Salón Barahona, Centro de Convenciones.

Conversar desprevenidamente con los asistentes fue uno de los lujos del festival. Una de las asistentes en el auditorio, de cuarenta y cinco años más o menos, observaba con sospecha alrededor y preguntó cómo es que nosotras, mi colega y yo, que aparentábamos ser jóvenes asistíamos al festival: “Perdón que les diga, ¿No les incomoda una audiencia tan parecida, tan blanca, tan mayor?” Me pregunté si me incomodaba. Tal vez no. ¿Le incomodaba a ella? Aparentemente sí. Era su primera vez en el festival, y sentía que hace falta otro tipo de público, tal vez más joven, con los que se pueda generar conversaciones distintas, que movilicen a las generaciones que “construyen país”. Mi colega y yo nos reímos con la pregunta, pero entramos a cuestionar el festival. ¿Seremos blancas, mayores y tendremos la tos de un boomer?

El festival ofreció 28 eventos gratuitos en universidades de Cartagena y Barranquilla, una estrategia denominada Hay Festival Joven. Sin embargo, la baja presencia de nuevas generaciones en los espacios principales del evento sugiere que el acceso no se reduce solo a la gratuidad. ¿Cuestión de interés, o un problema más profundo de acercamiento a los espacios y eventos culturales?

Teatro Adolfo Mejía. Conversatorio 20 preguntas: democracia con Anne Applebaum, Edward Chancellor, Nataliya Gumenyuk, Susan Neiman y Jon Lee Anderson.

Luego, haciendo la fila para la firma de libros, dos personas discutían “¿y dónde están los jóvenes, los estudiantes, los niños?”  Algunos dirán que estarán en vacaciones, en sus casas almorzando, o en la cuadra de su vecindario jugando futbol. ¿Querrán hacer la fila para conocer a un periodista, una historiadora, o una poeta? ¿Podrán incluso comprar el libro para que el autor lo firme? ¿Los motivará una firma?

Firma de libros de Leila Guerriero.

¿Para quién es la cultura?

En el 2024, el festival cerró con una cifra de 62.050 asistentes, 207 invitados procedentes de 24 países y 200 actividades realizadas, mientras que cerca de 500.000 usuarios siguieron las charlas desde la virtualidad.

Este año, asistieron 70.135 personas, participaron más de 190 invitados, y se realizaron 215 actividades, mientras que en streaming se alcanzaron 73.382 vistas.

No obstante, como todo commodity empaquetado, las cifras hablan de un alcance, pero no de un reto permanente para los eventos culturales en Colombia: si la literatura y la cultura permiten el diálogo y el debate de las grandes ideas, el ejercicio no puede pertenecer a unos pocos que parecen muchos. No basta con pedirle al público que formule preguntas frente a la memoria, el acceso, la democracia, o el racismo (sí, hasta se cuestionó la poca presencia de público afrodescendiente en el evento) Hay que esforzarse por empaquetar la cultura de otras maneras.

Cóctel de celebración del aniversario número 20 del Hay Festival.

Bonus track

Por supuesto, la mención a Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos fue inevitable en las conversaciones de la programación del festival. Trump no fue solo un tema recurrente; su figura encarnó las tensiones globales que atravesaron muchas de las discusiones, es la chispa que enciende los temores frente a la desinformación, la incertidumbre política, la migración, la “exacerbación de la xenofobia”, y la democracia. En la conversación con Cristina Rivera Garza y María Negroni, la sombra de Trump y Musk llegó incluso a la literatura:  «[Con el ascenso del Trump] estamos en la revolución del sentido común” dijo Rivera Garza, “y en la escritura no tiene lugar el sentido cerrado, el sentido común”.

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