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ANTOLOGÍA: CARLOS ARTURO ARBELÁEZ

CARLOS ARTURO ARBELÁEZ. Colombia, 1953. Ha publicado Cuento, poesía, periodismo cultural y ensayo en diversos medios desde 1980. Libros: Aconteceres y Nostalgias: poemas extraviados, 2017. Resumen total de la melancolía: poemas en contravía, 2018. Apuntes críticos sobre una Colombia desdibujada: ensayos callejeros, 2019. Paisaje para funámbulos: poemas de la pandemia, 2020. Transiciones y Transgresiones: poemas rutinarios, 2020. Hablan los muros: poema y resistencia, 2021. La mecánica del alma: poema en movimiento, 2022. EXILIOS: poemas del desarraigo, 2023. Memoria itinerante: cuentos reunidos, 2023. Premio Nacional de Poesía, Casa de Poesía Silva (La Poesía: viaje interior, 2022). Segundo puesto Concurso caldense de Cuento, Manizales, Caldas, 2021. Ingeniero y Geógrafo. Se desempeñó en la función pública, la empresa privada y la docencia.


BAJO LA MANTA AZUL

Bajo la manta azul
Tu cuerpo se desliza
En movimiento de alas vaporosas.

Bajo la manta azul
Tu piel al tacto deliciosa
Mi mano en la caricia constelada.

Bajo la manta azul
Aún yace vibrante
El calor pasional de tu suspiro
Y yo en la soledad desconsolado.


CALLEJEANDO POR EL LABERINTO

Los poetas, como los ciegos,
pueden ver en la oscuridad.
J. L. Borges

La intermitencia de lo cotidiano
disuelve el minutero en el magma del tiempo.
Los segundos se quejan con su desapacible
rumor de pulsaciones.

Cada instante se instala en la desmesura
de una mente obsedida.
Cada instante se instala en la memoria
empeñada en pasar y repasar
por el corazón como un recuerdo.

La intermitencia de lo cotidiano
permite que el reloj se diluya en el tiempo.
Que el segundero gima con su desapacible
rumor de anunciaciones,
hasta que los sucesos
dejen de estimular las emociones
y pasen ignorados e ignorantes
frente a la indiferencia callejera.

Danzantes que se mecen delirantes
al ritmo de unas músicas distónicas
ocultos tras el telón de fondo de la ira
con su rictus de angustia y frustraciones.

Laberínticas calles como sueños
van conduciendo el tedio de las tardes,
son ellas las que esperan forasteros
para extender sus trampas y atraparlos.

Son esos laberintos, calles de resonancias,
que duplican los pasos confundidos
con sus voces cruzadas por la pena
pasando y repasando la tragedia.

Es larga la jornada del tedioso destello
de dígitos que marcan la agonía
de otra tarde lluviosa.

Taciturnas, las rutas se oscurecen.
El regreso toma sus decisiones.
Regreso desde el siempre,
y es por rutas diversas mi destino.


DABEIBA, ANTIOQUIA, 2019

Despertaron los muertos
gritando sus angustias.

Se quedaron con los rostros transidos
de estupor y de miedo de la víspera.

Fueron golpes mortales de guadaña
que el esbirro descargó como rayo mortal
sin indagar el nombre, motivo o procedencia.

Regresaron los muertos con su mortal herida
para reconciliarse con sus deudos
y explicar lo que es inexplicable en esta vida.

Regresaron cargando sus heridas,
su rabia, su venganza con el alma vencida
y la mortaja al viento como estandarte vivo.

A los tantos olvidos de la suerte
regresaron a contar con sus cruces
la ignominia de tiempos que aún persisten.


LA CIUDAD

Gonzalo Rojas

La ciudad articula su rumia de protestas.
Que el silencio no deshonre su llanto.

Deja que ella disponga sus cadencias
al ritmo sideral de sus relatos.

Ella es sabia y conoce los senderos
para darle destino a su coraje.

La ciudad nuevamente, el escenario
de quienes hacen visible lo innegable,
las vidas que conviven, desahuciadas,
en callejas de enojos y desgracias.

La ciudad hecha de brillos y destellos,
corista o meretriz de las vitrinas,
caleidoscopio donde se hornea la ignominia,
lugar común de la “metamorfosis de lo mismo”.


SOLEDAD

Inquilino de mi propia soledad
el silencio me cobra sus ausencias.

Gime el torno de un alfarero
en su giro de paso de artesano.

La arcilla gesticula entre sus manos.

Una danza de formas se disputa
la ebriedad de un cáliz milenario.

Dan de beber los caldos fermentados
de una heredad disputada a la tierra
por ello maldecida en su sabiduría.

De un destierro abisal he regresado.
Huía de las ofensas y el martirio
del vuelo de los cuervos husmeando
el curso de la muerte en los meandros.

Acércame la lámpara para calmar insomnios,
abanícame el aire que circunda
mi respirar postrero en la agonía,
seca el sabor salado de mi frente
que se agota, no tanto de pensar,
si no de maldecir este arrepentimiento
de regreso al solar de mi partida.


OTRO GATO

Estos seres que inspiran la ternura
no dejan de ocultar delicadas fierezas.
Deambulan por entre los rincones y el silencio,
rondando nuestro encierro y vigilando el clima;
van acechando el tránsito de los fantasmas.

En su vigilia – es un decir
pues no despegan los ojos del letargo –
vigilan implacables la levedad del ser.
Cada hallazgo en el sueño o la memoria
 es motivo de alarma en el astuto.

Créanlo o no,
y por imperceptibles que parezcan,
los puede despertar el sobresalto
de una palabra porfiada en invadir
un lugar impensado en el poema.

A una pequeña brizna de inquietud
yergue hirsutas orejas como antenas  
capaces de rastrear nuestra tristeza
o una confusión fatal de la sintaxis.

No piden nada. Maúllan en mil tonalidades
o cabecean nuestros flancos a su antojo
para darnos raciones de ternura y afecto;
raciones, eso sí, escrupulosamente recontadas.

Y cuando no,
arquean su espinazo y aplastan las orejas
en recriminación por la ausencia del ritmo,
de un andar cadencioso que sedujo
los tedios vespertinos del reposo;
hoy vivimos la casa de los abandonados
ella se ha marchado, y él, más que yo,
le hace los desafíos a la desesperanza.

Retoza en paz exhibiendo su panza,
reclamándole al sol por la tardanza,
no calcula en su ingenio un abandono.
Se le acerca la noche en el crepúsculo
y es hora de intentar otro destino.

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3 comentarios sobre “ANTOLOGÍA: CARLOS ARTURO ARBELÁEZ Deja un comentario

  1. He seguido a Arturo desde que empezó a especular con versos. Por su origen, historia, vivencias, por Daysicita por su hijos desperdigados por el mundo y sobre todo su sensibilidad, la sutil percepción del sistema que lo rodea y el cúmulo de palabras que lo desbordan, ha logrado poemas sólidos, altaneros, claros, con cadencia y con ganas de releerlos.

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