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ANTOLOGÍA: VIVIANA PADILLA MÁRQUEZ

VIVIANA PADILLA MÁRQUEZ, de 31 años y oriunda de Barranquilla, es filósofa, abogada y negociadora internacional, además de una escritora en ciernes. Ganadora del concurso de cuento de Idartes en 2015 con el microcuento Karamadusky, y del concurso de poesía organizado por la Secretaría de Cultura de Bogotá en 2022, su obra abarca desde la narrativa hasta la poesía, con un estilo marcado por su trasfondo filosófico existencial. Ha sido publicada en la revista María Mulata y la Antología Nuevas Letras, participando en eventos como Grito de Mujer, Vigifest Vol 1 y 2 en la ciudad de Barranquilla.


SILENCIOS

La noche está impregnada de ese olor casi imperceptible que conecta pasados atemporales; ese aroma extraño de domingo resignado; de seis y quince de la tarde, de nueve de septiembre, de ACPM sobre asfalto mojado; un perfume de nubes resignadas en un cielo triste que huele a renuncia y gotas de espera, a luces distantes en una ciudad de escamas doradas.


A UNA ESFINGE DE CERA

En un rincón de mi pequeño mundo, se erigen misterios insondables, enigmas tejidos con la piel de una pasión feroz que danza siempre en el umbral del olvido. Justo en ese rincón se encuentra la esfinge de cera que cree de ti con recuerdos inventados, infectados de mi propia locura, de una pasión efímera y devastadora

Una pasión que jamás conoció los límites, cruda como el instinto y errante como sueños imposibles; que se alimenta de una historia inexistente, de ciento noventa y dos horas con cincuenta y cuatro segundos, del éxtasis que trae consigo la tristeza. en esta nuestra historia a medias, incompleta y descalza encuentro la motivación de mis días; En nuestras dos almas perdidas en el torbellino de lo imposible, en nuestra atemporalidad que nunca sirvió para nada, en los semáforos grises que nunca cruzamos, en nuestras aisladas existencias en este nuestro universo fingido, en los segundos de sobra que jamás dejamos para regresar.


FINALES

Carga a cuestas el comienzo la sombra del final, de desenlaces fríos, tristes y sigilosamente camuflados, amantes del dolor y de las palabras sueltas. Los finales suelen esconderse en la comisura de los labios que sonríen expectantes ante la espera, aguardan tras los barrotes de esa cárcel que construimos con la esperanza de futuros inciertos, en las calles que transitamos cada día, en esas cifras telefónicas que olvidamos, en llamados distantes.

Oráculos délficos que conscientemente ignoramos en junios atropellados, en cigarrillos que no dan espera, detrás de los porqués, separados al preguntar, unidos para responder con especulaciones ante la ausencia de las palabras que nunca llegaron.

A veces se dejan ver sutilmente a las 7:30 de la noche de un domingo, sentados en una plaza iluminada y solitaria que espera lo improbable. Se alimentan de las falsas esperanzas legadas por Prometeo a los hombres.

Se ríen de los latidos anhelantes, del combustible de la improbabilidad. Se erigen ante el «hoy no llegaré», ante lo frío e impersonal, y tranquilamente levantan su imperio, conquistando las provincias enquistadas de los adioses que nos dimos.


LA DESPEDIDA

Decido partir sin motivo alguno, así como se deciden las cosas que no tienen mucho sentido, mientras la esperanza agoniza frente a la puerta 6 del apartamento 2 de la Torre 10.

¿Qué es todo esto sino un cúmulo interminable de etiquetas vacías y absurdas? como todo en este mundo, ajenas, distantes.

Renunciaré al deseo de dejar mis letras melancólicas sobre tu piel grabadas, negando la tinta indeleble de mis sentimientos a tu papel oscuro y profano.

Esquivaré la nostalgia cuando el tiempo no me dé la razón y mastique lentamente tu recuerdo agreste cuando no calientes con tu cuerpo mi nombre subrayado, ni erijas monumentos en los laberintos de mi memoria, cuando no tenga más la posibilidad de volver a verte partir, y mueran todas aquellas palabras que alguna vez pronunciamos.


ISIS

Mitad de un octubre
Atardecer ocre sobre un cielo acartonado
Gotas de helio nublando un eclipse de sol
Proyección a medias de lo que fue
Piso doce de la torre seis

La mitad de un queso, las gafas de Isis, el ojo de Horus
Diez besos que he gastado
Media cajetilla de Rothmans blanco
Una puerta que se cierra tras una chispa incandescente.

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