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ROCK AL PARQUE 2018 – DÍA 1

Para las personas que no vivimos en Bogotá, ser parte de Rock al Parque, el festival de rock más grande de América Latina, es todo un proceso que inicia, en nuestro caso, en el Terminal de Transportes de Bucaramanga, tratando de conseguir pasajes a buen precio.

Por John Gómez.

Fotografías por Andrés Umaña.

El viaje es siempre agotador, pues el trayecto puede demorar de diez a once horas, dependiendo de los caprichos del clima, y hay quienes deciden hacer este mismo recorrido a bordo de un tour. Sin embargo, luego de los treinta, la anarquía y la autodestrucción (propias de otro tiempo), se hacen menos deseables frente a un buen asiento y un vehículo en silencio en el que uno pueda intentar dormir. De ahí lo complicado de conseguir tiquetes a buen precio la noche anterior.

Por otra parte, asistir al festival con pases de prensa implica programarse para estar allí dentro de los horarios establecidos para reclamarlos, así eso suponga llegar directamente al Parque Simón Bolívar (lo cual, en cuestión de alojamiento, supone una ventaja), y esperar con nerviosismo a que el encargado salga a repartir las manillas que justificarán el viaje. No obstante, luego de tener en las manos esa tirilla que lo acredita a uno como parte del festival, ya todo es más fácil. O al menos así parece.

“Esperar con nerviosismo a que el encargado salga a repartir las manillas que justificarán el viaje.”

Una de las cosas más curiosas de ser parte del cubrimiento es, en muchos casos, no poder escuchar todas las presentaciones de las bandas, e incluso, menos de las que uno quisiera. En ese sentido, es más deseable estar allí como fotógrafo, tratando de seguir con la lente los movimientos de los artistas y las reacciones del público, captando con la cámara cada una de las propuestas estéticas de las agrupaciones, que quedarse en la carpa de medios, atento a las ruedas de prensa de las bandas y uno que otro morral con ropa o elementos de trabajo. Pero los periodistas no tienen que huir de la lluvia, la multitud y los pogos que a veces se arman en la zona de prensa, tratando de proteger sus equipos; o correr a cada uno de los tres escenarios para tener un buen registro de las bandas que, en últimas, son las que le dan sentido a todo este esfuerzo.

Sin embargo, estar ahí, en la carpa, compartiendo las preguntas, las fotos y los saludos usuales con los medios locales (como Colonia Records, El Buque de Papel o Metal a la Carta, quienes año tras año están ahí por la música), o algunos medios nacionales (que poco se ven, a menos que la banda sea muy famosa), también hace parte de todo el proceso y de cada versión del festival.

“Es más deseable estar allí como fotógrafo, tratando de seguir con la lente los movimientos de los artistas y las reacciones del público.”

En el Festival Rock al Parque, el sábado es, por excelencia, el día del metal. Por eso, no fue raro para nadie que esta edición muchas de las agrupaciones que hicieron parte del primer día tuvieran toda la experiencia para ser, por sí mismas, merecedoras del cierre. Tal fue el caso de Masacre, celebrando treinta años de historia, y Skull, con un show muy propio de su vigésimo aniversario, ampliamente celebrado por los asistentes. Vobiscum Lucipher, desde Nariño, demostró cómo se vive el rock del sur; mientras que Hypoxia, representando a los colombianos en el exterior, encarnó el papel del buen hijo que regresa a casa, con una presentación inolvidable. Finalmente, Tears of Misery dejó muy en claro que en el distrito el buen rock también es regla.

Por otro lado, las agrupaciones extranjeras Dark Tranquillity, Dark Funeral, Cattle Decapitation y Suffocation, quienes también tenían varias décadas tras de sí, se apropiaron del escenario y estallaron la noche capitalina, en la que la intensidad de los chamánicos vientos pareció celebrar el rito del rock, demostrando que se necesita ser humilde para ser grande (lo que se evidenció en las ruedas de prensa), con un entusiasmo reflejado en los millares que, desde el público, corearon sus canciones y poguearon al ritmo de su música.

“Demostrando que se necesita ser humilde para ser grande (lo que se evidenció en las ruedas de prensa).” 

En la carpa tuvimos la oportunidad de hablar con agrupaciones como Implosion Brain, creada a finales del 2014, cuya propuesta gira alrededor de un ambiente urbano cargado de violencia e inseguridad. La banda está trabajando actualmente en la grabación de su segundo álbum, el cual, según lo expresado por sus miembros, “quieren que sea muy diferente del primero”. Para ellos, “la gratificación más grande es ver a la gente disfrutando nuestra música y es eso lo que nos motiva a seguir”.

Les siguió Loathsome Faith, quienes hicieron parte del cartel de Rock al Parque por cuarta vez. La razón de su regreso es el lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico y, en palabras suyas, “Rock al Parque es la mejor vitrina para mostrar lo que estamos sacando, el nuevo disco, que estará viendo la luz muy pronto”. Los integrantes de la banda señalan que sienten felices de haber podido cerrar la tercera tarima, y que se llevaron una sorpresa brutal, pues nunca pensaron ver a más de 4000 personas pogueando con su música. “Esa es nuestra verdadera motivación”, exclamaron.

“La gratificación más grande es ver a la gente disfrutando nuestra música y es eso lo que nos motiva a seguir.”

Luego, fue el momento para Angelus Apatrida, una banda española de thrash metal que llega por primera vez al festival celebrando 18 años de carrera musical. ¿Su secreto? La amistad, aquella que les ha permitido mantenerse a través del tiempo. La agrupación expresó que una de sus experiencias más significativas fue la firma de un contrato con el sello Century Media Records en 2009, lo que los llevó a profesionalizar su trabajo. Expresaron también que no creen en las etiquetas musicales y que “en España la escena del rock creció mucho en los años 80 a pesar de la dictadura franquista, pero sólo hasta el año 2000 no aparecieron en escena bandas como nosotros, quienes fuimos los primeros en cantar en inglés. Nosotros sentimos que este fue un gran aporte a la escena del rock español”. Finalmente, señalaron que, a pesar de lo extenso de su carrera musical, aspiran a seguir girando.

Más tarde, el turno fue para Cattle Decapitation, cuya música busca hacer una crítica a la forma en la que el hombre se relaciona con el mundo, pues se oponen al maltrato animal y a la violencia mezquina del hombre. Emocionados por el hecho de haber sido invitados a Rock al Parque, su vocalista expresó que cuando recibió la invitación al festival le escribió a los demás miembros de la banda pidiéndoles que dijeran que sí. Consideran que actualmente hay muchas bandas nuevas que hacen un trabajo genial y piensan que la música que se hace en Sudamérica, a pesar de no conocer mucho sobre el tema, incorpora propuestas muy interesantes.

“Cuando recibió la invitación al festival le escribió a los demás miembros de la banda pidiéndoles que dijeran que sí.”

Posteriormente estuvo Suffocation, una banda norteamericana con más de treinta años de experiencia. Al igual que con Angelus Apatrida, la amistad es lo que lleva a estos músicos a seguir girando. Los integrantes de Suffocation creen que las nuevas tecnologías aportan mucho a su música pues les permite desarrollar su trabajo con una facilidad mayor, así como estar interconectados con su público, ya que “podemos estar en un concierto en California y alguien puede disfrutarlo, en vivo por las redes, al otro lado del mundo”. La tremenda vitalidad de esta banda parece ser el secreto detrás del show de cierre en el Escenario Lago, luego de Cattle Decapitation, a las 7:15 p.m.

Las últimas horas de la noche vibraron en el Escenario Plaza con las bandas Dark Tranquillity y Dark Funeral, ambas venidas de Suecia, y con una puesta en escena fenomenal. Y a pesar de que es usual que la banda que cierra el día no asista a la rueda de prensa, los integrantes de Dark Funeral bajaron desde la tarima hasta la carpa de medios, donde hablaron brevemente de la experiencia de ser parte del festival. Para nosotros, agotados luego del viaje y el primer día de Rock al Parque, no hubo más camino que el que conducía a un merecido descanso a fin de prepararnos para lo que vendría más tarde, en días posteriores.

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