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SUPERLITIO + LOS PETITFELLAS EN BUCARAMANGA

Por Andres Lamus Caballero.

Fotografías por Andrés Lamus Caballero.

Tomado de Revista La Chueca.

Siempre se dio por sentado que Bucaramanga era una pésima plaza para conciertos. Nuestra “Ciudad de los Parques” -aquella a la que los buenos artistas nunca venían, y que ignoraban los grandes festivales de la escena nacional-, solo podía contentarse con resistir una y otra vez la embestida de un horrendo Tsunami Vallenato, en sus múltiples versiones, que no escatimaba esfuerzos para inundar las calles de borrachos y mal gusto.

Por este motivo, antes de cada concierto, uno sabía, o por lo menos esperaba, que le montaran tres tablas y un bombillo de 60 watts, con cincuenta pesos de sonido. Bandas con hambre, desconectados a diestra y siniestra, accidentes… Todo hacía parte del menú para la escena local.

“Ahora los escenarios son grandes, la producción impecable, las luces permiten ver a los cantantes.”

Pero las cosas cambian. Ahora los escenarios son grandes, la producción impecable, las luces permiten ver a los cantantes, y ellos -los que cantan, tocan, sudan esos escenarios-, vienen con toda a hacer gozar a la gente que le apuesta a lo alternativo, y que así no asista en la misma en cantidad que en otras plazas como Medellín o Bogotá, van a los conciertos y se hacen notar.

Fue en esas condiciones en las que El Otro Grupo, Los PetitFellas y Superlitio pusieron la música que inundó los pasillos del Centro Cultural del Oriente (hace dos años); y la gente vibró, cantó, bailó. Tres generaciones de músicos, tres sonidos diferentes, se juntaron para estallar la noche. Superlitio, la revelación del rock caleño, un ícono del sonido independiente de finales de los noventas, y actualmente, una banda clásica por donde se le mire… Unos grandes del sonido colombiano. Imposible no gozarse sus canciones, poco probable que se borren de las mentes fácilmente. Por otro lado, Los PetitFellas, llevando en sus cabezas la insignia de lo alternativo, la fusión y el éxito. Una banda relativamente joven que ha entrado a la escena como una saeta, una descarga de energía y vitalidad sobre las tablas -y grandes personas fuera de ellas-. También El Otro Grupo, que venían como “los pequeños del paseo”. Música nueva, con ganas de crecer e impactar, dando su cuota de buenos sonidos y permitiendo que todos nos gozáramos la fiesta. Finalmente, el invitado sorpresa, Edson Velandia, en compañía de Superlitio, representando la tierrita, haciendo vibrar al público con un Sietemanes a ritmo de reggae, permitiendo que la audiencia se deslizara en la hipnosis de su música.

“Nuevas gentes apuestan por una ciudad que sea destino obligatorio para nuestras grandes bandas nacionales.”

Las ciudades son monstruos que van cambiando a cada paso, que mutan y se desenvuelven; crecen y con ello se develan cosas grandes que antes eran imposibles de ver. Nuevas gentes apuestan por una ciudad que sea destino obligatorio para nuestras grandes bandas nacionales. Nuevos públicos se crean, bailan y corean canciones de rock, y ya nada, nada, se da por sentado. El pasado es pasado y la nueva escena alternativa bumanguesa está latiendo.

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